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Los muertos de Gevgelija ya descansan en paz. Durante meses han visto dibujadas en el horizonte figuritas de gentes cargadas de niños y maletas, trenes de cuyas ventanitas asomaban cientos de cabezas, taxistas y conductores de autobuses enzarzados en peleas de lo más feas. Pero ya nadie turba ese merecido sueño. La señora que llevará eternamente su bolso, la muchacha que conservará para un evo su recargado traje de volantes, la mujer policía y el joven motorista. ¡Vuelven a dormir! Quiso el destino que el camposanto de la ciudad se encontrara en pleno camino de los refugiados, que transitaban despistados a través de un bosque desabrido y amarillento, hacia su siguiente etapa balcánica. A este lado, un puentecillo taponado por una multitud de taxis venidos de toda Macedonia. Al otro lado, el cementerio local, destartalado y con un punto naif. A un lado los que quieren vivir. Al otro, los que se resisten a desdibujarse de la memoria y acuden a la serigrafía para sortear, siquiera por un tiempo, el olvido.

Mientras los occisos tratan de reposar en paz, los refugiados buscan el camino a Gevgelija

El flujo de paseantes ha descendido, la ciudad que pretende ser el remedo de las Vegas en Macedonia vuelve a pensar en el juego y en el alcohol de contrabando. Y sus muertos, por fin, pueden volver a ensimismarse en sus vidas congeladas para siempre en lápidas serigrafiadas. ¡Puede volver a escucharse el rasgueo rockero de aquel joven muerto tumbado junto a su guitarra! ¡Y la que todos sabemos retoma su copa acodada en la barra de un bar!

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El futbolista, el herrero, el jugador de ajedrez, el motero y el vendedor de lavadoras. ¡Han vuelto a la paz eterna! Saben que los refugiados pasan ya con cuentagotas y que tan sólo familiares y dolientes pisarán el suelo del camposanto.

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Refugiados en su camino a Gevgelija

Los refugiados ahora intentan otras rutas. Mucho más peligrosas, arriesgadas dicen por ahí, mortales diría yo. El Mediterráneo es ahora su puerta de entrada en Europa, en lugar de Gevgelija. Pero los muertos de Gevgelija lanzan mudos gritos de indignación: ¡tampoco era tan grave!, se revuelven en sus tumbas, ¡antes los únicos muertos éramos nosotros!

¡Ahora son todos!

¡El Mediterráneo es una gran tumba!

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Dice ACNUR (pincha aquí) que han muerto más de diez mil personas en dos años y medio. Personas que no molestarán el sueño eterno de ningún camposanto ni dejarán tumbas en las que se puedan ver instantáneas congeladas de sus vidas. ¡Quién sabe si ese cuerpo aparecido en Libia fue un fabricante de jabón en Alepo! ¡O esa señora una esforzada ama de casa en Mosul! ¡Qué más da si ese joven se aficionó al hip hop árabe, a la informática o al fútbol internacional!

¡Ni tumba tendrán!

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Los muertos de Gevgelija descansan por fin en paz.

Los muertos del Mediterráneo no.

¡Ni tumba tendrán!

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