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Ante mis ojos se levanta el campamento de las FARC que sirve de base para la entrega de armas. Un terreno extenso en una vereda conocida como Jordán, a las afueras del pequeño municipio de Gaitania. Curiosamente donde nacieron las FARC. Pero no hay el esperado ajetreo. No hay tiendas de campaña, zona de retretas, faltan los gritos de la soldadesca, como ya viví en un campamento de verdad hace unos años (pincha aquí), y la vigilancia del ejército brilla por su ausencia. En su lugar, hierba alta. Anderson mira el entorno con pesar. ‘Deberían de estar viviendo aquí desde el día dos de octubre pero con el resultado del plebiscito ni siquiera llegaron a acondicionar el terreno’, dice compungido. ‘No hay logística ni nada preparado a pesar de que llegaron a venir por tres veces enviados del gobierno y hasta de las naciones unidas’, me confirma Wilmar Vargas, el corregidor de Gaitania.

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‘No sé cómo estarán los otros terrenos en el Putumayo, el Meta, Cesar o Antioquia, pero aquí no hay nada’. Miraron hasta tres terrenos distintos, midieron, calcularon, comprobaron la accesibilidad, y finalmente dictaminaron: este es el lugar. El dueño del predio se negó, dice Wilmar, pidió mucho dinero, pero finalmente se plegó al hecho, sin duda histórico, de tener como inquilinos a varios cientos de guerrilleros. En este terreno deberían de estar concentrados durante ciento ochenta días, el terreno tendría alrededor una zona de seguridad de un kilómetro a modo de colchón en el que no debería entrar la fuerza pública ni tampoco los subversivos sino que estaría bajo la responsabilidad del grupo de verificación de los acuerdos. Sólo en casos excepcionales podría este grupo pedir el acompañamiento de la policía.

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Sobre esta hierba alta no podrían volar aeronaves militares y sólo pudieran darse vuelos de emergencia coordinados por guerrilleros, gobierno y el citado grupo de verificación. En esta zona veredal, curiosamente muy cerca de Marquetalia, donde las FARC levantó su primer campamento, podrían entrar civiles y se podrían unir los guerrilleros amnistiados que quisieran incorporarse a la vida civil. Los miembros de las FARC pueden estudiar cursos de primaria, secundaria y estudios técnicos pero no realizar actividades políticas: para eso estará ya la vida civil, se supone. En el santuario del Jordán, como en las otras veintitrés zonas de despeje, estará suspendida la orden general de captura de guerrilleros aunque podrían salir vestidos de civil y desarmados para cumplir tareas relacionadas con el acuerdo de paz. Sin embargo, no están: siguen selva adentro, en campamentos como este, con las armas guardadas en plásticos (pincha aquí), esperando que les den luz verde trasladarse a veredas como esta aún por acondicionar.

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Claro que el resultado del plebiscito confundió a todos, sobre todo en este pequeño pueblo que apostó decididamente por el Sí. Los votantes eligieron mayoritariamente rechazar el acuerdo de paz propuesto por las FARC y el gobierno y ahora todo está en el aire. Y sobre todo, supongo yo, los guerrilleros, según sospecha Wilmar, pudieron pensar que si en estas circunstancias se concentraban en una zona vigilada perimetralmente por los soldados pudieran repetirse los hechos de la Unión Patriótica y ser exterminados o bien ser capturados porque no se había ratificado la ley de indulto ni se habían suspendido las órdenes de captura. Anderson, que me ha acompañado amablemente hasta el campamento fantasma, me muestra el lugar elegido para el hospital de campaña. El terreno aquí, al menos, ha sido apisonado y pareciera esperar tan sólo la llegada de camiones y materiales. ‘Pero no hay nada’, comenta taciturno, ‘y no parece que vaya a haber nada jamás…’.

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El corregidor mira al techo de su oficina mientras suspira. ‘En Gaitania se siente un recorte de la violencia, se sentía confianza, el gobierno y las FARC han respetado el cese el fuego y hay posibilidad de negocios y de una vida normalizada’, me mira con ojos suplicantes, ‘el campesino se ha beneficiado porque ya no hay extorsión ni amenazas, tampoco hay desplazamiento y hasta comienzan a llegar inversiones gubernamentales que antes no llegaban porque la región estaba considerada zona roja…’ Durante muchos años esta región estuvo en manos de las FARC y olvidada por el gobierno de la nación. Pero los guerrilleros siguen por ahí detrás, en algún punto, congelados en la incertidumbre de una situación que no es guerra ni es paz pero esperanzados, como cuenta este reportaje. Los campesinos también están congelados en la misma incertidumbre y se esfuerzan en sus cafetales. Tanto que este año la cosecha mejor valorada es del pueblo y lleva el nombre de Gaitania a los mercados internacionales. ‘Pruebe el café’, me dice un vecino en la iglesia de la ciudad. ‘Sabe a paz, esperemos que no nos lo amarguen otra vez…’

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