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El río Buriganga arrastra aguas marrones repletas de desechos sin nombre, formas gelatinosas, botellas, coloridas tiras de plásticos, bolsas, detritus, algún pez muerto, espumas rosadas, marrones y grises. No metería un dedo en ese agua. Pero aquel señor mete todos sus dedos, sus manos y hasta su cuerpo. Y no es el único. Una larga fila de hombres mantiene el equilibrio sobre el borde del río para evitar caer al agua o, mucho peor (dónde vas a ir), que se les resbale el sarong y les queden las vergüenzas al aire. Se bañan entre cúmulos de basuras, entre nubecillas de mosquitos, se enjabonan con ganas, sonríen al curioso. Pareciera una hermandad de bañistas enamorados de las aguas fétidas, masoquistas que buscan eccemas en las aguas más insalubres. Los alrededores del puerto Sadarghat son un hervidero de barquitos que trasladan decenas de miles de personas que arrasan por donde pasan dejando un rastro de botellas, envoltorios, zapatillas, telas, envases. A los cuatro ríos que bañan Dacca, y a los humedales de las afueras, van a parar los residuos de las industrias, de los artesanos curtidores, de los recicladores de plásticos, pero también el total de las alcantarillas y de los residuos sólidos y líquidos urbanos de las casas que pueden permitírselo. ¿Quién en su sano juicio se metería en ese río tan sucio?

En los estanques del parque Ramna, el mayor de Dacca, una mujer enjabona a su hijo, que llora y grita como alma poseída por algún espíritu de secano. Un señor hace abluciones, otro aprovecha el agua verdosa para lavarse los dientes, los niños tienen la piel rugosa, llena de ronchas. No me gustaría bañarme en esa agua, cuánto menos tragarla hasta morir ahogado…El subcontinente indio es así. Da igual Calcuta, Benarés, da igual Bombay o Karachi, Bangladesh o Chittagong. Muchos de estos alegres bañistas son indigentes que viven en la calle y dónde mejor que bañarse que en una corriente de aguas vivas, así estén de lo más pestilentes, o en un estanque que es una piscina en un hermoso parque.

Debajo de esos plásticos está el río

Pero no sólo ellos: el agua corriente en las viviendas es un lujo para la mayoría así que para adecenterse un poquito hay que acudir al río. A ese río fétido que no soportaría un análisis de calidad. Porque he hablado de detritus, plásticos y peces muertos pero podría añadir las grandes manchas de gasóleo procedente de los barcos, los restos de las fábricas de la ribera del río, los envases y botellas que se arrojan desde los ferris, la suciedad acumulada en la orilla desde hace siglos… El problema no es exclusivamente bengalí, las imágenes son similares en todo el subcontinente indio. Tanto que este escritor indio se pregunta: Somos sucios por naturaleza?: ‘Defecar en lugares públicos está tan arraigado en la India que incluso cuando hay instalaciones sanitarias, en complejos de templos, playas, parques y etc los espacios abiertos están cubiertos de restos fecales’. O este otro: ‘Las cocinas están sucias, las ropas contaminadas y es posible encontrar restos en cualquier casa: en el 92% los cuchillos de cocina están contaminados, casi la mitad de los hogares no lava nunca la fruta ni las verduras antes de comerlas, el 66% de los hogares no lava ni desinfecta las fiambreras que llevan los niños al cole, el mismo porcentaje de niños no se lava jamás las manos después de jugar en la calle antes de comer…’

La extraña y fascinante costumbre de mear en grupo numeroso

Un señor se levanta el sarong en la mediana de una autovía, se inclina como si fuera a sentarse y me observa ceñudo. Antes de que pueda calificarlo veo a otro más allá. Y allí también. Y en aquella pared. Los bengalíes son amantes de la escatología callejera y mean como surtidores donde mejor les parece. En las vías del tren mean y cagan en grupo, pero en grupos amplios, incluso multitudinarios, la estampa resulta extraña para un occidental, acostumbrado a buscar la soledad para vaciar vejigas e intestinos. En la India la mita de la población caga al aire libre, y eso son más de seiscientos millones de personas. En esta ciudad de Dacca sólo hay 69 urinarios públicos para los 17 millones de habitantes, es decir, cuatro por millón de personas… ¡Y muchos ni funcionan! Los cartelitos de Se prohíbe orinar son tan abundantes como ignorados y eso que los censores usan todo lo que tienen a su alcance: hay religiosos que escriben versículos del Corán en los muros con la esperanza de que los creyentes no suelten aguas allí pero tampoco tienen un éxito definitivo.

A pesar de los pesares, Bangladesh tiene éxito, relativo, claro está, pero éxito y se le toma por modelo, incluso en la vecina India. Con todo las mujeres son las que más lo sufren porque en cuanto a necesidades tienen las mismas pero facilidades ninguna: llegan a no beber para evitar ir al baño…. De hecho el gobierno asegura que ni el 1% de la población defeca al aire libre. Pero no es eso lo que parece mientras te das una vuelta por este país.

Si a la parte cultural le unes la parte que le toca a las infraestructuras, el lío es total:  17 millones de personas están bajo riesgo en esta ciudad debido a la poca calidad del agua, sobre todo debido a la antigüedad de las tuberías o directamente a la falta de ellas porque Dacca ha crecido demasiado y en muchos barrios no hay siquiera planeamiento urbanístico. La propia empresa municipal del agua recomienda encarecidamente a los vecinos que la hiervan antes de consumirla. A pesar de que el gobierno municipal se esfuerza lo indecible en renovar la extensa red, la humedad, la falta de medios y el crecimiento de la ciudad hacen que luchen contra lo imposible. Sobre todo porque la red de aguas se creó en los años cincuenta para una población de medio millón de personas y 320 kilómetros cuadrados: hoy son oficialmente diecisiete millones (extraoficialmente muchos más) y más de mil kilómetros cuadrados de ciudad. No hay mucha gente pues con agua corriente en las casas y los que sí la tienen se quejan de que les sale marrón y llena de barro….

Un estudio de 2014 asegura que el 64% del agua suministrada oficialmente contiene bacterias fecales E coli. Podría ser peor. En 1993 se dieron cuenta de que el 97% de la población bebía agua contaminada con arsénico ¡Y eso que es una ciudad rodeada de agua, de ríos, de lluvias apocalípticas, de crecidas, inundaciones! 

Dicen que beberla embotellada no es mucho mejor porque algunas marcas las llenan directamente del río aunque si eso es cierto yo debí escoger involuntariamente las que no. De otro modo tal vez no contara esto… al menos con el estómago en su sitio…