Este post se ha leíd923veces

El aeropuerto de Addis Abeba está en obras: una contrata china amplía la terminal internacional. También está en obras Bole, la parte nueva de la ciudad que sirve de escaparate a la capital de Etiopía con sus comercios y sus barrios modernos. También en manos chinas. Como las decenas de rascacielos que se levantan por todas partes, como los hoteles que construyen entre andamios de bambú al estilo de este post en Hong Kong.

Como la carretera que unirá de un modo más decente la perla etíope, Lalibela, con el resto de la humanidad. Todo en manos chinas. Sólo en la avenida de Bole los chinos gastarán más de sesenta millones de dólares. Los chinos también quieren hacer un metro en la ciudad y aumentar la capacidad de las fábricas de automoviles a las afueras de Addis, que actualmente producen unos ocho mil coches anuales, para convertir Etiopía en el principal productor africano, por no hablar del sector farmacéutico establecido a las afueras de la ciudad, que no hace más que crecer.

Todavía están celebrando que por fin Addis Abeba y Djobouti cuentan, desde hace poco, con un tren que los bancos chinos han financiado con cuatrocientos setenta y cinco millones de dólares. No olvidemos que también construyeron el centro de conferencias de la sede de la Unión Africana, que les costó ciento cincuenta millones de dólares. Los chinos tienen tanta presencia en Etiopía que las mayoría de las tiendas de la terminal internacional son chinas, venden tabaco chino y comen en sus propios restaurantes. De hecho los propios chinos se sorprenden del bum urbanístico que han creado y que les recuerda al suyo propio de finales de los años 80

No es un caso único en África: China lo quiere todo. Y lo quiere ya. En Angola han construido incluso una ciudad entera y en Nigeria gastarán más de doce mil millones de dólares en el ferrocarril costero. El rascacielos más alto de Nairobi, la capital de Kenia, se ha hecho con dinero chino y también planean el más alto de Marruecos, en Rabat. Y ya que estamos en Etiopía, los chinos construirán el más alto del país en Addis Abeba. Están construyendo el nuevo parlamento de Zimbabwe  y han cambiado el horizonte de Djibouti donde, de paso, han construido también la primera base militar china fuera de su área de influencia tradicional.

Sobre el horizonte de Djibouti se levanta entre brumas el puerto construido con dinero chino

Sólo en 2014 China firmó más de cincuenta y seis mil millones de libras esterlinas en contratos a lo largo y ancho del continente negro: autopistas, aeropuertos, estadios deportivos, escuelas, hospitales. La lista es interminable, aquí hay algunos de esos macroproyectos. Hay quien se pregunta si no asistimos a una suerte de neocolonialismo que está expulsando a los europeos y norteamericanos, tradicionales socios de los africanos, a cambio de dar algo más que generosos sobornos a ciertos corruptos gobernantes.

Así, mientras que Occidente tiene la imagen de Etiopía como un país paupérrimo y sinónimo de hambrunas periódicas, los chinos levantan edificios por todo el país y se aseguran, poco a poco, su futuro. En concreto, el petróleo de Angola, Nigeria y Sudán, el cobre y el cobalto de Zambia y la República Democrática del Congo, el uranio de Namibia, sin hacer ascos por los comercios ilegales de marfil, oro o maderas. Desde 2000 a 2017 los chinos han financiado más de doce mil millones de dólares, aunque hay quien habla de catorce mil y quien lo dispara hasta los sesenta mil millones. No hay manera de ponerse de acuerdo porque no hay manera de descubrir unas cuentas transparentes y claras. Sobre todo porque China no tiene ningún interés.

En todo caso, un socio interesante para los africanos, un socio callado y que levanta bloques como la lluvia levanta setas en el campo, aunque cada vez les enfrentan más voces críticas. Michael Sata, el presidente de Zambia, ganó su puesto gracias al discurso antichino y el gobernador del banco central nigeriano lo dijo bien claro: África es un competidor y no está aquí precisamente por el interés de África sino por el suyo propio. Cada vez quedan más lejos los tiempos en los que Europa era la principal contratista, con aquel 44.3% en 2002 que bajó ya en 2011 al 34.6% mientras que China pasó en ese mismo periodo del 9.9% al 40.1%. En mi tierra se dice que le han comido la tostada…

La avenida de Bole es un desvarío de calles levantadas, la madre de todas las rotondas, edificios cubiertos de esperpénticas telas de colores y un trasiego incansable de obreros. Los taxistas descubren rutas alternativas a diario y sobre la marcha y quien parpadea puede descubrir un paisaje nuevo tras una siesta. Sólo en Etiopía operaron doscientas setenta y nueve firmas chinas entre 2012 y 2017 que crearon más de veintiocho mil empleos.

En este exacto momento construyen cinco zonas industriales a lo largo del país, multitud urbanizaciones de viviendas de lujo,  planifican el nuevo estadio Nacional con capacidad para sesenta mil espectadores… Por si fuera poco, los chinos ven en África la China que Occidente vio en Oriente cuando prendió la fiebre deslocalizadora: algunos productos salen un 90% más baratos en Etiopía que en la propia China. Desde las laderas del monte Entoto, donde Taitu Beitul, la esposa del emperador Menelik II, decidió que se habría de levantarse la ciudad Addis Abeba conserva aún un aire rural. Pero cada vez asoman más rascacielos, las obras son visibles desde las alturas, la ciudad afronta un enorme cambio. Mucho me temo que la próxima vez Addis Abeba será otra. Y tal vez el poco inglés que chapurrean haya sido por el chino.