Por los cielos de El Nido vuelan turistas, por las profundidades de El Nido bucean turistas, por las orillas de El Nido pasean turistas. El archipiélago de Palawan tiene 1780 islas, fondos nítidos por los que pulula la pandilla de Nemo, corales de colores disparatados, estrellas marinas que parecen ruedas de camión, islas de selvas brumosas, aguas turquesas y hoteles molones en los que escuchas el murmullo de las olas desde la cama. En El Nido puedes bucear, pasear en fueraborda, bañarte o hacer surf, comer sushi recién pescado y beber cocos rellenos de ron. En la playa de Maremegmeg, por ejemplo, hay música y también wifi, los turistas (muchos españoles, por cierto) pasean por la orilla como modelos de revista, el ambiente es elitista frente a esos filipinos que esperan a las puertas de la playa (puertas figuradas pero señaladas por una caseta con un vigilante ceñudo). Las parejas recién casadas vienen exhaustas de su tour de snorkle y pesca del atún y la exclusiva revista Forbes elige un alojamiento de Maremegmeg como una de las mejores opciones de Palawan (para adinerados, claro). La costa está jalonada de islas con alojamientos de ensueño, playas privadas y alejadas del mundanal ruido, palmeras y la tranquilidad de los sueños típicos de cualquier urbanita.

La verdad es que los escenarios de El Nido no pueden ser más paradisíacos

Unos lujos que nunca disfrutó Ruben Arzaga, un defensor del medio ambiente empeñado durante años en mantener intacto el paraíso. En septiembre de 2017 alguien lo mató a tiros mientras intentaba detener un envío ilegal de maderas taladas en una montaña algo más al norte de esta playa. Ruben no era solo un nombre: también es un número. Entre 2002 y 2013 han muerto asesinados 67 ambientalistas, lo que convierte a las Filipinas en el segundo país del mundo tras Brasil en esta triste competición.

Ruben Arzaga

Eso sí, los muertos hay que recontarlos y las cifras bailan de un modo tan llamativo que solo podemos concluir que no tenemos ni idea de cuánta gente muere por defender el medio ambiente. Los turistas que enseñan palmito bajo el pintoresco árbol que es el amo y señor de la coqueta playa, y que le da ese extraño nombre de Maremegmeg no tienen ni idea de eso, claro, tan solo piden otra piña colada y piensan en el próximo tour por las islas. Pero duermen sobre las tumbas de vecinos indignados que ven cómo les cambian selva por hoteles. El catálogo de peligros a los que se enfrentan es grande, desde la tortura al asesinato pasando por el señalamiento público como Ejército Popular, comunistas considerados terroristas y, evidentemente, detenciones y juicios amañados. ¡Qué no habrá visto ese árbol en primera línea de playa desde hace ya cien años!

El árbol que da nombre a la playa más glamurosa de El Nido: Maremegmeg

Con hoteles a 400 euros la noche, paisajes exóticos, mojitos y daiquiris a pie de playa, chiringuitos de costa privada donde no entran los locales más que para poner copas o limpiar habitaciones, llego a la playa de Maremegmeg con una habitación modesta en un hotel que nadie conoce. Empiezo bien. El vigilante observa mi mochila con cara de póker: es blanco pero tiene cara de tieso, parece pensar. Pregunto en la barra de un bar, en la recepción de un hotel, al vendedor de cocos, a unos muchachos que pasean. Nada. Mi hotel no existe. ¡Pero tengo una reserva!. De pronto a alguien parece sonarle el dichoso hotel: debe de ser el de arriba. ¿El de arriba? Una escalera serpentea por la montaña y se pierde en la maleza. Los escalones son de gigante y cada paso supone un esfuerzo infernal. La cima no llega nunca y los escalones están cada vez están más espaciados: me veo trepando de uno a otro. Por fin llego. El hotel está: existe. Pero es tan nuevo que nadie lo conoce y ni siquiera está acabado. Ahora entiendo el precio.

Cuando llegas al hotel se te quita el hipo

Las vistas son espectaculares pero tiemblo solo de pensar en bajar para volver a subir. Desde la habitación oigo máquinas desbrozando el terreno circundante, martillos, radiales. En unos meses esta selva será un mar de cemento y asfalto. Los hoteles de abajo son agradables y se confunden con el entorno pero aquí arriba no creo que haya mucho margen. Asomado a la veranda veo la exótica isla Depeldet, a la que se puede llegar andando en marea baja. Hay kayaks coloridos que pasean por las aguas turquesas, un grupito de turistas que pasea copa en mano, nubes negras que amenazan lluvia porque he venido en plena temporada baja.

Los locales están hasta el gorro de paisajes exóticos y prefieren divertirse en la feria de Coron. Acertar con la pelota es complicado.

La urbanización de la costa es ciertamente llamativa, la deforestación es algo más que llamativa, el futuro se antoja similar al de los países ribereños del Mediterráneo: enganchados al turismo. Solo que aquí están demasiado lejos si algo falla: por ejemplo, pongamos una pandemia. Entonces caerán en la cuenta de que los ladrillos no son comestibles y que los plásticos bajo el mar no son tan llamativos como las cadenas de corales. Claro que a los promotores locales ya no les importará mucho porque tendrán los bolsillos llenos y los turistas chinos parecen inacabables. Por eso la ONG internacional Global Witness agua la fiesta a los soñadores recordándoles el lado oscuro del turismo de lujo de las Filipinas, sobre todo en esta isla, la de Palawan, y sobre todo en esta zona, conocida como El Nido. Algunos vecinos llegan más allá y hasta forman cuadrillas paramilitares de vigilancia medioambiental. Por ejemplo, Efren ‘Tata’ Balladares y sus hombres peinan la selva con el oído atento en busca de motosierras lejanas. Forman parte de otra ONG, Network Inc PNNI, tan empeñada en conservar la selva como los empresarios del turismo en transformarla.

Bienvenido Veguilla Jr en una ronda antes de ser asesinado

Y con los promotores inmobiliarios no se juega. Ni aquí ni allí. En septiembre de 2019 el guardia forestal Bienvinido Veguilla Jr fue acuchillado en El Nido hasta la muerte tras decomisar varias motosierras a un grupo de taladores ilegales en una zona protegida. Bobby Chan, al frente de PNNI, en este reportaje de AlJazeera, cuenta cómo ha incautado, como el que no quiere la cosa, 700 motosierras, decenas de botes usados en pesca ilegal, cientos de cartuchos de dinamita, y aquí reconoce que su principal aliado es la Iglesia con el obispo local, Edgardo Juanich, con el que lucha codo a codo sobre todo en evitar la minería ilegal. ‘Incautar motosierras no es tarea de los ambientalistas’, dice Chan , ‘pero si el gobierno no lo hace…’

Beber mojitos, comer pescado, viajar de isla en isla y bucear entre corales, el plan de El Nido no dejaría de tener su interés de no ser por la destrucción del medio ambiente.

La playa de Maremegmeg es nueva en el enorme complejo turístico natural de El Nido. Apareció en 2018 como nueva oferta en una región cargada de ofertas pero rápidamente se hizo un hueco como sitio de nivel, de lujo, exclusivo, de hoteles cuquis, del prohibido a filipinos, que esperan pacientes cargados de cocos y aceites para masajes a las mismas puertas invisibles. Global Witness declaró las Filipinas como el peor lugar del mundo para ser un activista ambientalista. Solo en 2018, según Global Witness, se reportaron 30 asesinatos confirmados. 

De la pared de verde selva surgen martillazos, una máquina desbroza vegetación, vuela un loro en paralelo a unas españolas que descienden impulsadas a gritos hacia la misteriosa isla que alguien colocó apenas a cincuenta metros de la orilla. La actividad inmobiliaria no cesa y si te pierdes en un baño al regresar puedes encontrarte un hotel nuevo. Bajo a tomarme un daiquiri y a hacer el guiri un rato: por la playa deambulan muchos perros, hay conchas exóticas, la arena está fresca y de lejos suena un reggae. El mar está traslúcido y los gritos de los turistas que se lanzan por la tirolina rivalizan con las radiales de las obras. Dos chicas avanzan a toda velocidad por los aires mientras hacen morisquetas y ponen caras raras. Pero, ¡ay!, el impulso se les acaba demasiado pronto y se quedan bloqueadas allá arriba, sus caras cambian del rosa al morado, se les nota el miedo, pero dos locales nadan entre nubes para rescatar a las ovejas descarriadas. Drama en el paraíso.

Drama en el paraíso: dos turistas que iban de sobradas se quedan colgadas a cien metros y tienen que recogerlas los encargados de la tirolina…

El expolio de Palawan en general no se ciñe a los árboles: la tortuga del bosque, endémica de Palawan, el pangolín de Palawan, el loro nuquiazul o la cacatúa filipina (al borde ya de la extinción) son también objetivo de los mercados. Las muertes de Bienvinido y Ruben han sacudido incluso al gobierno de Duterte, mucho más cercano a los de la motosierra que a los que las incautan, que ahora se plantea si enviar ayuda militar a los agentes forestales. Arzaga logró, ya muerto, la medalla al héroe medioambiental, que de bien poco le sirve ya pero que al menos indica que los defensores de El Nido encuentran eco. Sirva este post al menos como homenaje a esos esforzados héroes desconocidos que arriesgan sus vidas por lo que parece un imposible.

Hasta los atardeceres tienen su interés en esta tierra

Suena de nuevo la tirolina con un siseo que rasga el aire, en el horizonte se pierde una lancha repleta de turistas, una sombra atraviesa las aguas turquesas de Maremegmeg: parece que va a llover. ¡Qué bien se está aquí! Echo una siestecita de puro relax indolente. Cuando despierte alguien habrá desbrozado una hectárea por aquí cerca para construir un nuevo hotel…