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diego pérez

Diego Pérez nació en Sevilla, más concretamente en Utrera, no se sabe bien en qué año, pero sí que en un arrebato mató a su mujer y huyó a la isla de Margarita. La cosa es que tampoco aquí duró mucho y acabaron deportándolo al continente porque cosa que tocaba, cosa que fastidiaba. También se hartaron de él en tierra firme y cuentan que el de Utrera acabó volviendo a Europa y estableciéndose en la Normandía francesa. Dice Juan de Castellanos, el autor del poema más largo de la lengua castellana, que era hijo de un cura, educado y de apariencia fina, lenguaraz y de fácil conversa, y deja una descripción que aúna su apariencia y sus ruindades:

Hombre de condición sanguinolienta

Pronto para cualquier bellaquería,

suave labia, muy gentil presencia

y entrañas de dolosa pestilencia…

Pero podrido como estaba su corazón convenció a un compañero de bajezas para que se dedicaran a la rapiña aunque su porte no le igualó al más exitoso de los piratas andaluces, Pedro Blanco, del que puedes saber más pinchando aquí. Su camarada resultó ser Jacques de Sore, un hugonote radical que odiaba todo lo que oliera a católico y al que le faltó tiempo para montar cinco navíos con los que piratear por el Caribe. Con el beneplácito del rey Francisco I y la inestimable compañía de lo peor de su conciencia en forma de Diego Pérez, el normando de Sore se preparó para arrasar todo lo que estuviera al alcance de su mano. El utrerano aceleró el viaje porque se dirigía a una región que conocía muy bien: tanto que había tenido que salir corriendo. Por el camino, asegura Juan Castellanos en su Elegía de Varones Ilustres de Indias, una tormenta les mandó al traste cuatro de las cinco naves, aunque Diego, tenaz como él solo, les prometió resarcirse en tierra. Y lo logró porque en la isla Margarita se hicieron pasar por comerciantes aprovechando que arribaron de noche y nada más desembarcar saquearon a los vecinos.

cabo de la vela

El Cabo de la Vela, en la Guajira colombiana, fue la tumba del pirata de Utrera

Su siguiente presa la tomó frente al cabo de la Vela, en el desierto de la Guajira, lugar sagrado para los wayuus que, no obstante, no pudieron evitar que Diego Pérez, a la sombra del francés, secuestrara una nave, pasara a varios pasajeros a cuchillo y hasta tomara la ciudad de Santa Marta. Cobrada su parte, el utrerano dio muestras de ser un buen pupilo del francés y profanó varias iglesias antes de huir monte arriba con tan mala fortuna que se perdió de sus compañeros y fue descubierto por sus paisanos. Diego Pérez dio espectáculo a los sufridos vecinos mientras colgaba de un madero en el año de 1555. Su camarada, Jacques de Sores, ya puesto en faena, siguió rapiñeando por el Caribe, con especial saña en templos y manifestaciones católicas, y aún tuvo tiempo para quemar La Habana, asediar Santiago de Cuba y asesinar a decenas de religiosos en las Canarias. Un bagaje que le ha hecho pasar a la historia con el sobrenombre de El Ángel Exterminador y al que se recuerda especialmente en Santiago de Cuba y La Habana, donde sólo dejó cenizas.

diego pérez

 

Referencia

Juan de Castellanos, Elegías de varones de Indias, Biblioteca de Autores Españoles, ordenada por Buenaventura Carlos Aribau, Tomo Cuarto, Madrid, 1847.