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Bajo la iglesia de San Jorge hay unos pasadizos iluminados con luz de teas que crean efectos fantasmagóricos y juegos chinescos de sombras amarillentas con tonos oscuros. Mariam viene de Menia, al sur del país, y encabeza una larga cola de feligreses, pero sobre todo feligresas, que tocan y besan y se refriegan y se arrodillan y vuelven a tocar y a besar y a arrodillarse ante cualquier imagen que consideren sagrada. Un nerviosismo sacro que me recuerda a los cristianos de Etiopía. Y entre todas las imágenes sobresale una sobre las demás: San Jorge.

Su imagen más arquetípica, la del santo montado a caballo clavando una lanza a un feo dragón, se multiplica por las paredes, sirve de base a un pozo al que la gente lanza monedas, decora las paredes con imágenes kitsch y con otras clásicas, sirve de sostén en columnas: es el centro de esta iglesia que, no en balde, lleva su nombre. En este templo, que además es el único circular de Egipto (nuevamente como ocurre con algunas iglesias en Etiopía), dicen que se guardan hasta veinte reliquias del santo guerrero, aunque su cuerpo supuestamente está en Lydda, cerca de Tel Aviv, y estas reliquias que veneran los peregrinos se fundamentan, como siempre, tan sólo en la fe. Mariam me cuenta que ella es copta pero que no tiene ningún problema en entrar en una iglesia copta griega, sobre todo porque dentro están esas reliquias de San Jorge y porque aquí encontró refugio la propia familia de Jesucristo en su huida a Egipto.

¿Copta frente a copta griega? ¿Quiénes son estos coptos que se dividen en coptos y coptos?

Bajo la iglesia redonda de San Jorge hay unos pasadizos oscuros frecuentados por los peregrinos

¿Y cómo es eso de que la iglesia es copta pero griego ortodoxa? ¡¡Sí, es posible!! Porque en Egipto hay coptos griego ortodoxos, comandados por el Patriarca de Alejandría, Teodoros II, un griego de Creta al que siguen alrededor de cien mil egipcios griego ortodoxos. Pero también están los copto-católicos, que son casi doscientos mil y que tienen en Ibrahim Isaac Sidrak, el Patriarca de Alejandría de los coptos católicos, a su líder espiritual. Y, por supuesto, están los coptos a secas, los de Mariam, liderados por Teodoro II (distinto del primer Teodoro II), que es líder de unos doce millones de cristianos coptos monofisitas de Egipto pero también de Eritrea y de Etiopía y que, por si fuera poco con uno, también es Patriarca de Alejandría. Entre ellos guardan buena relación (qué menos cuando hay elementos violentos que desean tu destrucción) y los devotos acuden casi que indistintamente a unas y otras iglesias a rezar.

Donde quiera que uno vaya o donde quiera que uno mire hay San Jorges por las paredes, por los suelos, por los techos…

Las tres modalidades de coptos vienen del Concilio de Calcedonia, en el 451 D.C, cuando la iglesia concluyó que las dos naturalezas de Cristo, la divina y la humana, eran inseparables. Los egipcios que se allanaron a este precepto son hoy de fe ortodoxa griega. Los demás no aceptaron esta verdad tan inmutable y hoy son conocidos como monofisitas, es decir, que Jesús es Dios pero no hombre, y su influencia se deja sentir en los países del sur, es decir, Eritrea y Etiopía, que ellos mismos evangelizaron.

Para terminar de liar la cosa, los coptos católicos y la iglesia del Papa de Roma llegaron a un acuerdo en 1988 para reclamar que Cristo es perfecto en su divinidad y perfecto también en su humanidad. Los copto católicos son el resultado de las muchas misiones evangelizadoras de occidente, sobre todo por capuchinos franceses en el siglo XVII, que forjaron unos católicos sui generis porque usan el copto como lengua litúrgica y nunca acudieron al latín.

De este pozo bebió agua toda la sagrada familia, según la tradición…

Hablo de unas minorías que rondan entre el 10% y el 15% en un país con casi 90 millones de habitantes, aunque una española residente en el país cree que son más. ‘Creo que falsean las cifras para que los musulmanes más radicales no se enfurezcan’, me dice. Sea como sea las cruces no se esconden en el horizonte cairota, puede vérselas más allá del barrio copto, aisladas en un mar de minaretes, pero presentes al fin y al cabo. Las autoridades, de ser verdad que falsean la cifra, tal vez estén adelantando el futuro: quieren un país islámico y cualquier otra religión en el país de Al Zawahiri, el número dos de Bin Laden y actual número uno de Al Qaeda, sobra.

Por ejemplo: todo tipo de trabas administrativas a la construcción de nuevos templos o reparar los ya construidos. Por ejemplo: todo tipo de trabas de seguridad a la hora de moverse por zonas con mayoría de población cristiana. Por ejemplo: escasa representación en altos cargos a pesar de su porcentaje social. Por ejemplo: imposibilidad legal de convertirse al cristianismo desde el islam. Por ejemplo: poca vitalidad en perseguir los crímenes sectarios de los fanáticos musulmanes contra la minoría copta. Las persecuciones de los salafistas actuales encuentran ecos en las masacres ordenadas por el César Diocleciano, en los fatimidas y mamelucos, incluso en los líderes egipcios posteriores a la revolución egipcia, desde Nasser a Mubarak, pasando por Anwar el Sadat, que puso al papa Shenuda III cuatro años bajo arresto domiciliario…

Las amenazas y los repetidos atentados terroristas convierten los templos coptos en fortines con guardias de seguridad y arcos detectores de metal a las puertas, pantallas de videovigilancia en los interiores, estado de alerta general perpetuo…

Una vida de discriminaciones que ha dejado en la actualidad sólo veinte monasterios de los cientos que poblaron los desiertos egipcios, siete conventos y unos mil monjes y seiscientas monjas coptas. Precisamente una de las aportaciones coptas más duraderas y visibles en la cristiandad: los monacatos. Esos monasterios en los que retirarse a orar tienen su origen en Egipto y hay quien cree que fueron la respuesta de los primeros coptos a las persecuciones. Los cristianos más convencidos podían seguir el ejemplo de los antiguos ascetas de la biblia y se retiraban al desierto en busca de paz y quietud.

Desde la península del Sinaí hasta el Alto Egipto los anacoretas ocupaban toda suerte de cuevas y rendijas en las montañas, levantaban fortalezas donde malvivir su fe y ocupaban templos antiguos para adaptarlos a la nueva religión. En este último caso se ensañaban con las imágenes, tanto pinturas como esculturas, mutilaban las partes femeninas de las mujeres para evitar que se les aparecieran y les sedujeran, pero también los rostros de los hombres, para evitar que se vengaran por el cambio de religión. Dicen que San Antonio y San Pablo se refugiaron entre el Nilo y el mar Rojo y que los monasterios se propagaron desde Asuán hasta Alejandría.

 

¿Y quiénes son estos coptos?

Dicen de sí mismos que ellos son los verdaderos egipcios, herederos de las estirpes de los faraones, frente a los musulmanes, que provendrían de las invasiones árabes. Y se apoyan en la propia palabra ‘copto’, que procede del griego ‘Aigyptios’, que significa egipcio. Una palabra que nos retrotrae a siglos, mejor dicho a milenios atrás, cuando los antiguos adoradores de Atón y Anubis peregrinaron de religión en religión hasta detenerse en el cristianismo. Un muchacho me muestra una cruz azul en la muñeca: soy cristiano, sonríe. Me encontraré repetidas veces la cruz azul en diferentes muñecas.

Dice la tradición que en el año 45 de nuestra era el evangelista San Marcos desembarcó en Alejandría y al primer paso se le rompió una sandalia. Afortunadamente para el santo un zapatero se ofreció a arreglársela aunque en la reparación se lastimó y se hizo una herida. San Marcos, que algo había aprendido de Jesucristo, lo sanó en un santiamén y el zapatero, de nombre Aniano, se convirtió en el primer egipcio cristiano. No hay constancia histórica de esta leyenda y el primer documento que acredita la presencia de cristianos en Egipto se remonta al siglo II así que volvemos nuevamente a la fe para justificar esta viñeta. Probablemente los primeros cristianos fueran judíos conversos de la extensa comunidad hebrea de Alejandría y ya debían pulular por el país desde los primeros tiempos del cristianismo. Yo los veo con cierto aire familiar, como mujeres andaluzas de pueblo, siempre de negro y santiguándose…