Categoría: Viajes

Buda, santos y romanos en la ermita de San Ambrosio

  En el interior de la ermita de San Ambrosio habita nada menos que Buda. El dibujo resalta en una estancia abandonada y compite por llamar mi atención con un sonoro eco. Pero Buda no está solo. En su interior, en el interior de Buda, habita alguien más: hay cristos y vírgenes. Pienso entonces que la ermita de San Ambrosio tiene algo de muñeca rusa. Porque la ermita en sí es, como todas las ermitas, cristiana pero dentro vive un Buda que habita un edificio que, dicen las crónicas históricas, antes de todo fue una villa romana. Quizás donde...

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La isla de los rohingyas

‘Irán todos a una isla que se están construyendo frente a la isla de Bashan Char’, me dice Ansar, un refugiado rohingya que huyó de Myanmar hace ya veinte años. Al principio me pareció un disparate porque, ¿a quién se le ocurre construir una isla? ¿Se construyen las islas? Los chinos sí lo hacen en el mar de China, apenas a tiro de piedra de las islas Filipinas.  Pero más tarde lo leí en la prensa bengalí y sentí un escalofrío: sí, es posible que a alguien se le haya ocurrido la idea de ‘construir’ una isla para albergar refugiados....

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Las extravagantes tuberías soviéticas

Serpentean por las calles, se encaraman en descansillos, rodean plazoletas, se cuelan con descaro en parques infantiles, dificultan la salida de los vecinos, afean el paisaje y lo convierten en la pesadilla de algún niño gigante que juega desde las alturas con las ciudades como si fueran maquetas de lego. En ocasiones van dos en paralelo, otras veces son más, tal vez cinco, diez, enormes racimos de tubos plateados que se adentran en jardines, discurren paralelas a las viviendas, saltan carreteras y canales. Son horribles pero dentro viaja a toda pastilla el confort de los vecinos. En su interior...

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La Mano de Nursultán y el árbol de la vida

A ciento cinco metros de altura vive para siempre la mano de Nursultan Nazarbayev. Es una mano como todas las manos. Sólo que brilla. Y que es acogedora. Y que en lugar de ser convexa, es cóncava. Espera que pongas tu mano en su mano para acogerte y transmitirte la energía incansable del que no ha parado un segundo desde hace al menos cinco décadas. Tal vez seis. O incluso puede que siete. A los ciento cinco metros de altura el mundo está a tus pies. Aquí no. Está a su mano. La mano que ha apretado con fuerza...

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