Categoría: Europa

Buda, santos y romanos en la ermita de San Ambrosio

  En el interior de la ermita de San Ambrosio habita nada menos que Buda. El dibujo resalta en una estancia abandonada y compite por llamar mi atención con un sonoro eco. Pero Buda no está solo. En su interior, en el interior de Buda, habita alguien más: hay cristos y vírgenes. Pienso entonces que la ermita de San Ambrosio tiene algo de muñeca rusa. Porque la ermita en sí es, como todas las ermitas, cristiana pero dentro vive un Buda que habita un edificio que, dicen las crónicas históricas, antes de todo fue una villa romana. Quizás donde...

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Los que se quedan

  Una patera desembarca en una cala de Roche. En Conil de la Frontera, Cádiz. Los tripulantes bajan ante el asombro de los bañistas y se dividen en grupos de intereses. Los subsaharianos corren pero de alegría, saltan, elevan las manos, saludan contentos. Los marroquíes menores charlan con los bañistas, bromean. Los marroquíes adultos corren también pero como alma que lleva el diablo. Buscan lugares altos, bosques. Buscan huir. Pero los subsaharianos no: esperan a la policía, se abrazan, posan ante las cámaras. Tienen de su parte a la ley. Y no porque la ley les permita quedarse en...

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Muros de un milímetro

Es sólo un milímetro. Un milímetro de goma elástica. Un material flexible, maleable, dúctil. Un milímetro de distancia que puede separar tanto como los muros más altos. De este lado del milímetro: Nosotros. Frente a eso: los Otros. Y no es para menos porque esos tipos que llegan del Lado Tenebroso del Estrecho de Gibraltar son portadores potenciales de las enfermedades más terribles. Tuberculosis, malaria, ébola, sarampión, varicela, cólera, hepatitis o rubeola. Triquinosis, tifus, tos ferina, sífilis, toxoplasmosis, sida, lepra, gripe hemofílica. Pueden traer piojos, sufrir sarna, castañetear los dientes por hipotermia, cojear por las quemaduras del gasoil de...

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Marroquíes de ida y vuelta

En el puerto de Barbate dos mujeres marroquíes sienten que se les escapa el aliento. Se abanican, lloran. Les acabo de dar un disgusto. Han viajado durante horas desde Almería para recoger a un familiar que ha llegado de Marruecos en una patera. La guardia civil lo ha interceptado, junto a varias decenas más de inmigrantes, en alta mar. Ahora esperan en una nave pesquera a su identificación y traslado. Las dos mujeres observan desde lejos. ¿Qué esperan?, les digo. ‘A mi primo’, me dice una con cierto malhumor, ‘venimos a llevárnoslo a casa’. Las miro incrédulo. ¿Llevarlo a...

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