Categoría: Asia

Viaje a Harar: entre hienas salvajes

  Cuando cae la noche en Harar las hienas salvajes cruzan la pradera, se internan entre acequias y cultivos de khat, rodean los primeros grupos de viviendas, suben una cuesta jalonada de mandíbulas bovinas y entran en los barrios residenciales. Y allí pasean indiferentes, entre mujeres cargadas con tinajas, niños ensimismados en sus juegos, incluso veo un gato que husmea despreocupado. Las hienas pasan a mi lado como si yo no existiera y noto que se me eriza la piel. Son hienas salvajes, unos carroñeros trituradores de huesos que también atacan presas mayores como ñus, antílopes, jirafas o incluso...

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La escalera mecánica cubierta más larga del mundo está en Hong Kong

Nunca pensé que una escalera mecánica pudiera dar tanto qué hablar. Pero sí, es posible hacerlo más allá de Buero Vallejo… Miro hacia arriba y me digo que los que eligieron vivir en esta maraña de montecitos y montezotes debían tener unas piernas recias y fuertes. Tal vez pertenecieran a una raza superior de atletas especialistas en subidas verticales. Y los habitantes de hoy día necesitamos cacharros y trastos que nos hagan la vida más fácil. Porque la escalera mecánica que comienza donde estoy recorre ochocientos metros y salva un desnivel de ciento cincuenta metros que, de otro modo,...

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Sadaqa: pidiendo limosna en Bangladesh

A las puertas de Baitul Mukarram, la mezquita central de Dacca, en Bangladesh, se arremolina un grupo de menesterosos. Hoy es viernes, el Ramadán se acerca a su fin, el edificio está colapsado de público, la ciudad se vaciará en unas horas. Buen día para sacarse un dinerito en limosnas. Los pordioseros se disputan el mejor lugar de la salida natural de las miles de personas que se hacinan en el interior. Entre ellos se limitan el espacio: dos tullidos en sillas de ruedas, milagrosamente funcionales a pesar del óxido, toman posiciones. Las niñas ensayan las manos extendidas. Un...

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La capital mundial del rickshaw

‘Al aeropuerto, por favor’. El conductor asiente grave, mira ceñudo el horizonte, ampliamente poblado por un frondoso bosque de coloridos autobuses y de chirriantes rickshaws, cierra con pestillo la claustrofóbica caja metálica en la que deberé de viajar, y arranca, mal que bien, su aparato. Es imposible moverse por Dacca sin estos trastos, y también es imposible moverse con ellos: digamos que es imposible moverse por Dacca. Tal vez por ello estos miserables vehículos, impulsados por motorcillos gripados de motitos de juguete o bien por la desconcertante fuerza de esos muslos esmirriados que pedalean bicicletas al borde de la...

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