Categoría: América

Con la Guardia Indígena de Colombia

Suelen ir serios, solemnes, ceñudos incluso. Caminan firmes, con paso rápido, avasallador. Muchos calzan botas de agua y ondean banderas rojiverdes, se cubren con gorras rojiverdes, se tapan la boca con pañuelos rojiverdes. Tienen miradas oscuras que observan con desconfianza y uno no puede menos que sentirse intimidado porque sus ojos tienen algo de acusador. Van muy juntos, unidos con palos que usan a modo de barandilla. Parecieran asomados a un balcón esperando a que se forme una pelea para bajar a fajarse con quien haga falta. Y sin embargo, es pura fachada. Porque son pacíficos, porque sus miradas...

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En los cafetales de Tolima

Francisco Romero era un sacerdote tan nervioso que imponía a sus feligreses la más extraña penitencia: sembrar café. Su pueblecito, Salazar de las Palmas, al norte del colombiano departamento de Santander, cambió entonces su fisionomía, el verde de sus praderas y el sueño de sus vecinos. Todo era café. Cada arbusto sustituía a un avemaría, a un padrenuestro, al rosario. Y los vecinos, es de suponer que grandes pecadores, sembraron a su vez infinitas matas de café. Tantas que el cultivo se normalizó y cambió la economía local. De eso han pasado ya casi dos siglos y hoy nadie...

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Bailando joropo en el Guaviare

Por las calles de San José del Guaviare avanza una masa humana al son de un joropo. La masa humana se divide en parejas, caminan bailando, en fila india de a dos, las calles bullen de entusiasmo. He visto muchos festivales pero nunca una maratón de bailarines. ¡Porque tal es! No dejan de bailar, agarrados a sus parejas, vigilantes del paso, del compás, del trote, de no tropezar con la pareja que lo precede, ni con la que lo sucede. Sudan copiosamente porque esto es el trópico y hace un calor de impresión. La serpenteante multitud recorre calle tras...

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Los muertos ausentes del cementerio de Bogotá

Los nichos de la sección occidental del cementerio central de Bogotá guardan miles de cadáveres ausentes. Beatriz González los ha dibujado para que tengan presencia, secuenciados en cuatro sencillos dibujos serigrafiados. Por eso no tienen cara. Tampoco tienen cuerpos, ni nombres, ni apellidos. Se les reconoce como NN, la expresión latina Nomen Nescio, que significa ‘desconozco su nombre’. Sí tienen una presencia más corpórea los que aquí denominan ‘cargueros’. O porteadores. Soldados del ejército que los llevan atados como chorizos a unos palos con los que recorren kilómetros y kilómetros. O campesinos que han encontrado a compañeros asesinados por...

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