Categoría: África

Viaje a Marruecos: en el mausoleo de Mulay Ismail de su gran palacio en Meknes

Abdul Nasir Mulay Ismail As-Samin Ben Sharif, más conocido como Sultán Mulay Ismail, dejó para la posteridad tres importantes hitos y una considerable cantidad de excesos. El primero de sus hitos, una muralla de cuarenta kilómetros de longitud que encerró lo que habría de ser la capital de su reino, Meknes. En segundo lugar, ochocientos ochenta y ocho hijos, tenidos con sus quinientas cincuenta esposas oficiales y sus más de cuatro mil concubinas. Por último, un mausoleo que poco tiene que envidiar a la Alhambra y en el que reposan los restos de este fornicador incansable y azote de...

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Viaje el Sahara Occidental: en los cementerios olvidados de grandes buques

En las inmediaciones de Tam Tam plage, al sur de Marruecos, finaliza el viaje sin regreso de muchos buques occidentales. El primer mercante aparece majestuoso ante mis ojos, solemne en su baño de óxido, imponente en su abandono, muerto pero digno, inaccesible en todo caso en su tumba cien metros hacia abajo en línea recta, encallado y hosco, a los pies de un gran acantilado y sometido al inclemente azote de las olas. Ladeado y medio hundido, el mercante parece un monumento a la duda. ¿Por qué está ese barco ahí? ¿Qué desastre le ocurrió para que nadie pudiera...

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Viaje al paraíso del Hachís: la crisis también afecta a los camellos

En la provincia de Cádiz hay una oferta tan grande de hachís que son los camellos (los ‘dealers’) quienes llaman preocupados a sus clientes. ‘Hola, tengo de lo que te gusta, ¿vas a venir por aquí?’. Pero los clientes no van porque el mercado está inundado y porque muchos de ellos, de los clientes, no tienen dinero para comprar ‘bellotas’. ‘Se dedican a plantar y ya no llaman’, se quejan los camellos mientras tiran el precio de sus ofertas: lo que antes costaba cuatro euros el gramo ahora vale tres y no lo hará por mucho tiempo porque ya...

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Viaje a Marruecos: a propósito de Imilchil

Hace unos años crucé las montañas centrales de Marruecos para llegar al desierto pero lo hice monte a través, montaña arriba, montaña abajo. Cheneher Alhou me acompaña en el viaje sobre la cabina de un camión mientras cruzo la cordillera del Atlas marroquí. Dejamos atrás Imilchil, capital del Alto Atlas, entre montañas peladas, placas de hielo y enjambres de niños que piden caramelos y bolígrafos. En Imilchil se celebra cada septiembre la Fête des fiancées, la fiesta de las novias, y todas las mujeres de los alrededores acuden a esta aldea de barro cocido para buscar novio y casarse antes de que llegue el invierno. Cheneher, le pregunto, ¿usted ya consiguió mujer?. “No”, sonríe divertido, “las mujeres de las montañas cultivan la tierra, hacen el pan y tejen alfombras pero no saben hacer la comida: yo busco una mujer que me cocine porque estoy aburrido de comer sardinas en lata”. Al llegar a su casa miro en su despensa: sólo hay latas de...

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