Categoría: África

Chaouen: festival de la alegría en la ciudad azul (y II)

En el teatro de la alcazaba de Chaouen Estrella Morente canta y baila ante el gesto serio del retrato de Mohammed VI. Y de pronto, ya de noche cerrada, canta a su vez el muecín su llamada al rezo. El clásico Allahu Akbar rasga el aire, se entromete en la música flamenca y termina interrumpiéndola. Morente corta la actuación y permanece en pie, circunspecta y seria. El público aplaude, ulula, suena un murmullo de aprobación. El muecín acaba su retahíla religiosa y Morente vuelve a cantar. Pero al cabo de un rato suena un grito lejano y Estrella, seria otra...

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Chaouen, la capital prohibida y azul del Rif (I)

       Un muchacho se me acerca en la plaza Outa el Hamman de Chaouen. ‘Hola, pisha, ¿una cervecita?’ Lo miro incrédulo. Los buscavidas de Chaouen siempre han tenido fama de improvisar cualquier idioma y de descubrir la nacionalidad de los extranjeros por la forma de caminar y el modo de vestirse. Pero esto supera cualquier expectativa. ¡Han afinado tanto el ojo que ya descubren la provincia de origen! ¿Y si en lugar de Cádiz yo viniera de Málaga?, le pregunto burlón. ‘Amigo, entonces te hubiera dicho otra cosa, porque los malagueños son boquerones, no pishas’. ¿Qué quedó de...

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La valla de Melilla

  Durante trece kilómetros y medio la tierra sufre surcada por enormes cicatrices. Cicatrices paralelas, costurón tras costurón, herida tras herida. Arrancan las cicatrices de las turquesas aguas del Mediterráneo, serpentean por laderas y montículos, esquivan camposantos, salvan el cauce de un río seco, bordean un colorido campo de golf, asisten al humillante hormigueo de los escarabajos-porteadores, y mueren en el mismo Mediterráneo del que arrancó. Cada kilómetro cuenta triple porque tres son las cicatrices que España ha levantado para evitar el paso del Otro Lado a Este Lado y las cicatrices no dejan de multiplicarse porque Marruecos, tal...

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Viaje al norte de África: con los porteadores de Melilla

Viaje al norte de África: con los porteadores de Melilla. Por cada quince euros que ganamos a este lado de la frontera, los marroquíes del norte de África ganan uno. Por cada ciento cincuenta euros que ganamos a este lado de la frontera, los marroquíes ganan diez. Y así hasta que nos aburramos de hacer cuentas. Porque la proporción es esa: quince a uno. Es la mayor diferencia de las fronteras de la UE (link aquí), y la explicación de la colorida, extravagante y humillante carrera que ven mis ojos. Una carrera de abuelas, de abuelos, de adolescentes, de...

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