Categoría: Viajes

Bajo la sombra de la Gran Esfinge

Cuando salgo del corredor de piedras milenarias que da acceso a la explanada de Giza y veo la Esfinge no puedo menos que palidecer de asombro y abrir mucho los ojos. Cuando los bajo (los ojos) y veo esa multitud internacional haciendo piruetas para repetir las clásicas monadas fotográficas en las que besan los morros del pobre bicho milenario no puedo menos que recuperar la sangre que perdí en mi primer asombro y apretar el paso. La Esfinge me impacta tanto con su hierática dignidad como los turistas con su descuidada vacuidad. ¡Qué no habrá visto la pobre Esfinge...

Leer más

Con la Guardia Indígena de Colombia

Suelen ir serios, solemnes, ceñudos incluso. Caminan firmes, con paso rápido, avasallador. Muchos calzan botas de agua y ondean banderas rojiverdes, se cubren con gorras rojiverdes, se tapan la boca con pañuelos rojiverdes. Tienen miradas oscuras que observan con desconfianza y uno no puede menos que sentirse intimidado porque sus ojos tienen algo de acusador. Van muy juntos, unidos con palos que usan a modo de barandilla. Parecieran asomados a un balcón esperando a que se forme una pelea para bajar a fajarse con quien haga falta. Y sin embargo, es pura fachada. Porque son pacíficos, porque sus miradas...

Leer más

Selfies, monumentos y privacidad

Las pirámides de Egipto, la torre Eiffel, la torre de Pisa, la Giralda de Sevilla. La lista de escenarios propicios para la estupidez es tan amplia como deprimente. Claro que es una estupidez huera y podría decir que inocente. Porque, ¿a quién daña que ese señor agarre el aire de forma ridícula para que parezca que atrapa la cabeza de la Esfinge? ¡¡A nadie!! A los pies de la torre Eiffel una pareja se fotografía apoyado en un deportivo rojo de lujo. Los jóvenes se agarran de la mano, posan, sonríen. El fotógrafo aprieta el botón, se acerca confiado,...

Leer más

En los cafetales de Tolima

Francisco Romero era un sacerdote tan nervioso que imponía a sus feligreses la más extraña penitencia: sembrar café. Su pueblecito, Salazar de las Palmas, al norte del colombiano departamento de Santander, cambió entonces su fisionomía, el verde de sus praderas y el sueño de sus vecinos. Todo era café. Cada arbusto sustituía a un avemaría, a un padrenuestro, al rosario. Y los vecinos, es de suponer que grandes pecadores, sembraron a su vez infinitas matas de café. Tantas que el cultivo se normalizó y cambió la economía local. De eso han pasado ya casi dos siglos y hoy nadie...

Leer más

Anúnciese aquí

Anúnciese aquí

Tweets Recientes

Translate »