Categoría: Personajes históricos

La esquina de Jorge Eliecer Gaitán

En la esquina de la Jiménez con la Séptima de Bogotá Jorge Eliecer Gaitán muere todos los días a eso del mediodía. En el mismo lugar donde cayó asesinado una indígena embera pide limosna bajo la miríada de placas conmemorativas de tan ilustre asesinato. ‘Aquí cayó Jorge Eliecer Gaitán caudillo del pueblo’, puede leerse en una, ‘En este lugar fue asesinado Jorge Eliecer Gaitán, paladín de la democracia’, reza otro. La esquina parece un altar en honor de un hombre que ya perdió su humanidad para convertirse en símbolo. Una pintada lo reproduce, mal que bien, lanzando una de...

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Viaje a Cartagena de Indias: Blas de Lezo y el castillo de San Felipe

El Almirante Blas de Lezo perdió una pierna en 1704 durante la guerra de la Sucesión española, un ojo en 1706 luchando contra los franceses, y un brazo en 1714 nuevamente en la guerra de Sucesión. Caminaba a duras penas con una pata de palo y el brazo huero más que inútil era una molestia. Pero aún le faltaba lo peor: una bala de cañón le hirió la pierna sana, la mano que aún le funcionaba y le creó un cuadro de heridas infectas que le costó la vida misma. Si piensan que todo esto dolió al que fue...

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Alonso de Sandoval: el defensor de las Negritudes

       Alonso de Sandoval dedicó cuarenta y cinco años a observar los despojos humanos que los barcos negreros trasladaban desde la lejana África al puerto de Cartagena de Indias. Dicen que bautizó a más de sesenta mil, que vomitó sus entrañas al bajar a las fétidas bodegas donde se hacinaban vivos y muertos junto a moribundos y heces, y que de tanto hablarles en un latín que nadie entendía terminó entendiendo él mismo lo que significaba ser africano. Dejó de verlos entonces como lo que no eran pero todos suponían: bestias, y los supo humanos, y su inicial tarea...

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Cuba: El granadino que decidió morir de viejo

      Antonio del Rosal Vázquez de Mondragón fue un tipo tan jovial y simpático que sus captores le dejaron elegir cómo quería morir. Acababa de ser sentenciado a muerte por el propio Máximo Gómez, el líder de los independentistas cubanos, en el contexto de la guerra que libraban contra la metrópoli. Antonio, que en ese momento era teniente del batallón de cazadores de Chiclana en Cuba, husmeó el aire, miró a sus carceleros y les dijo: de viejo. A su alrededor estalló una tromba de risas, el rehén volvía a arrancarles risotadas, y la anécdota creció hasta convertirse en...

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