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Catalan Bay, el lugar por el que desembarcaron el ejército de catalanes, valencianos y mallorquines para conquistar el Peñón

El 1 de agosto de 1704 a las tres de la tarde Joan Baptitsta Basset i Ramos desembarca en la playa de levante del Peñón de Gibraltar al mando de casi cuatrocientos hombres, venidos desde Cataluña, Valencia y las Baleares (aunque los independentistas catalanes los consideran a todos paisanos…) y bautizan, sin saberlo, la zona para siempre: Catalan Bay. Se repliegan a los pies de la Roca coordinados con el almirante británico Georges Byng y el vicealmirante holandés Van der Dussen, quienes, a su vez, lideran un contingente de más de mil quinientos soldados. Tienen un objetivo muy concreto: tomar Gibraltar. Son soldados a las órdenes del archiduque Carlos de Austria, aspirante a la corona de España después de que Carlos II muriera sin dejar descendencia. Pero el trono vacante es demasiado goloso y Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, también sueña con él. El Austria encuentra eco en el levante español, donde sus seguidores son legión. El ejército de catalanes, valencianos y mallorquines desembarca codo con codo con holandeses y británicos pero no tiene la sensación de luchar en una guerra mundial. Todo lo contrario. Más bien huele a guerra civil. Los invasores se ponen manos a la obra pero se encuentran dos enemigos. El gobernador de la plaza, Diego Salinas, se niega a rendirse y el viento dificulta las maniobras. Así que acampan y se preparan para el día siguiente.

La playa sería hoy irreconocible para Basset y los suyos. Ocean Village con sus restaurantes, cafeterías y discotecas, el proyecto de Sovereign Bay trazado hace tiempo por Norman Foster, toneladas de escombros que darán vida a nuevos proyectos inmobiliarios. Allá donde acamparon los catalanes ahora brincan los célebres monos de Gibraltar, se levantan casas de colores, urbanizaciones nuevas. El Peñón crece y pronto será más reconocible para los neandhertales que vivieron en la cercana cueva de Gorham, que tenían el mar a cinco kilómetros, que para los invasores de 1704, que conocieron un Peñón a pie de mar.

El 2 de agosto, replegada la levantera, bombardean las instalaciones españolas y un inglés, el capitán Whitaker, planta la bandera británica en el Peñón. Ahí sigue desde entonces. El 3 de agosto, el gobernador de Gibraltar se rinde y deja paso libre al príncipe de Hessen-Darmstadt, el lugarteniente del archiduque Carlos y virrey de la Cataluña austríaca. Los cuatro mil habitantes de la Roca abandonan la ciudad y se plantan en un montículo cercano, esperando una pronta respuesta del ejército español. Como la bandera británica, también ellos permanecen todavía allí, en una localidad llamada San Roque que subtitula su nombre con la leyenda: ‘donde reside la (población) de Gibraltar’.

Tomado de https://andaluciainformacion.es/campo-de-gibraltar/736376/obras-y-servicios-realiza-mejoras-en-jardines-plazas-y-calles/

Sólo setenta personas decidieron quedarse en sus casas. Lo curioso es que el archiduque no tenía al Peñón como objetivo prioritario sino secundario. Su prioridad estaba más bien en el los territorios del levante ibérico, desde donde avanzar hacia el centro.

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El antes y después de las obras en la cara oriental del Peñón…

El archiduque Carlos, autoproclamado Carlos III de España tras la muerte de Carlos II, daba así un poderoso guantazo al rostro de Felipe de Anjou. Los franceses tenían pesadillas con sólo pensar que los Austria volvían a hacerse con el imperio español. Tanto ellos como los ingleses soñaban con descuartizar ese molesto vecino que tantas tierras tenía y vio la oportunidad en una casa real sin rumbo. El propio Carlos II estaba tan ido que le llamaban El Hechizado por un cocktail genético que lo dejó zumbado. Su esposa, que era alemana, le recomendó, o casi impuso, a su primo José Fernando, y mientras ingleses y franceses se repartían los territorios hispanos. Pero antes de morir Carlos II cambió de opinión y le dio el trono a Felipe de Anjou con la condición de renunciar al trono de su abuelo. Los franceses batieron palmas, los ingleses maldijeron y el lío, el Gran Lío, se montó. Todos tenían algo que ganar. Excepto España, que era ya un pelele en decadencia. La decisión del Hechizado dividió incluso a sus propios súbditos. Los reinos de Castilla y Navarra pero también el Papa acataron la elección pero la corona de Aragón y los países de la Gran Alianza de la Haya dijeron que ni hablar. Joan Baptitsta Basset i Ramos, valenciano y súbdito de una corona de Aragón con la vista puesta en los Austria, hizo piña con ingleses y holandeses y comenzó su particular lucha contra el francés.

Tres siglos después de aquella invasión Gibraltar ya anuncia la venta de viviendas en el proyecto conocido como Hassan Centenary Terraces, aún por levantar. España sigue erre que erre, reclamando esas aguas como suyas, y los llanitos, erre que erre también, rellenando fondos marinos para construir infraestructuras. ‘Intolerable’, dice España. ‘Como han hecho en la Isla Verde del puerto de Algeciras’, dicen en Gibraltar. El proyecto de Hassan Centenary tendrá un puerto deportivo para yates privados, seis torres de pisos para viviendas sociales, un hotel de prestigio, bares, restaurantes. Todo a tiro de piedra de Catalan Bay y de Eastern Beach y con la firme intención de que estén construidas en 2020. El ritmo de las obras es tan firme como la intención y los rellenos son evidentes desde tierra y desde el mar.

Y sin embargo, como decía, Gibraltar no estaba entre los objetivos principales de los partidarios de Carlos III. La expedición pasó por delante del Peñón unas semanas antes de su letal ataque, a mediados de mayo, pero no se atrevió a atacar por la presencia de una nave francesa con cincuenta cañones. Cuando el general Basset llegó a la costa valenciana los ánimos se vinieron arriba y las naves rebeldes orientaron proa hacia Barcelona para bombardearla pero no tuvieron más éxito que una huida vergonzosa que se enmendó con el refuerzo de los conocidos como Compañía de los Miquelets. Retirados a Niza, donde fracasaron en lograr el apoyo del duque de Saboya, la escuadra decidió ir a por todas: giraron proa y se encaminaron a Gibraltar. Además de los valencianos y catalanes, dos buques británicos y diez holandeses. El objetivo: seguir ganando terreno para el archiduque, allá donde se pudiera. Los británicos tenían otras metas…

Según el historiador Antoni Porta, los primeros en desembarcar fueron los catalanes, valencianos y mallorquines dirigidos por el príncipe Jorge de Hessen y el general Basset. Frente a ellos, el gobernador, Diego Salinas, nombrado por Felipe de Anjou, con ochenta cañones de hierro, treinta de bronce y un millar de piezas de armamento ligero aunque con un ligero contratiempo (que dura hasta hoy): apenas contaba con cien hombres frente a los más de dos mil invasores. Envió aviso urgente al marqués de Villadarías, capitán general de Cádiz, pero éste dijo que ni mijita porque dejaría desguarnecida una plaza importante y no le envió el mínimo auxilio. Tal vez temía una repetición de otra vergonzoso pérdida casi un siglo atrás…. Los invasores se hicieron con el Peñón y el general Basset, tras unos días de mando de Hessen, se convirtió en el nuevo gobernador del Peñón. Y como tal se puso pronto manos a la obra. Primero, intentando lograr el control de la orilla de enfrente: Ceuta. Después reforzando las defensas, agrandandando la parte fangosa del ismo para, finalmente, minar los accesos del norte y colocar nuevos cañones apuntando a lo que hoy es La Línea.

La proeza de Joan Basset y los suyos fue en vano porque el destino se inclinó por los galos. La lucha entre Borbones y Austria significó la supervivencia de los primeros, lejos de las guillotinas que acabarían con la corona en Francia, y la sentencia de muerte para los segundos, con un imperio que se extinguió poco a poco. España tampoco salió bien parada: Gibraltar no volvió nunca a su regazo y el autoproclamado Carlos III reinó sólo seis años, desde 1705 hasta 1711, en su trono de Barcelona, donde entró amparado por el ejército inglés y ejerció como rey en un país dividido. En 1711 murió José I, a la sazón emperador de los Habsburgo, y al archiduque le faltó tiempo para abandonar esa tierra imposible de íberos y heredar el imperio de su hermano. De aquel episodio, eso sí, queda un vínculo entre catalanes y llanitos que se sustancia en según qué momentos.

Si catalanes, valencianos y mallorquines fueron los más entusiastas en conquistar el Peñón, ellos mismos fueron los encargados de defenderlo. Apenas un mes después de la toma, un ejército de cuatro mil españoles borbónicos y tres mil franceses atacaron la Roca con granaderos guiados por pastores locales aunque de nada sirvió. Horas más tarde llegaron veinte barcos británicos para reforzar el contingente. Las acometidas borbónicas fueron muchas y muy seguidas. En una incluso tomaron parte de la entrada en la plaza pero el propio Basset dirigió la recontraconquista y expulsó a las tropas borbónicas. Apenas un año después de la invasión, Basset volvió a Valencia para seguir luchando por su aspirante al trono.

Carlos III de España desaparecería para renacer como Carlos VI, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, y también como Carlos III, sí, pero de Hungría. Gran Bretaña, segura ya de que Francia no se uniría con España pero temerosa de que el nuevo emperador sacrosanto insistiera con su plan ibérico rompió con los Austria, obligó a los belicosos reyes hispanos a firmar el Tratado de Utrecht, despiezó el decadente imperio español y ya de paso se quedó, para siempre y jamás, el Peñón de Gibraltar. Basset luchó por su rey, Carlos III, y por la independencia de los territorios adeptos a los Austria hasta que fue atrapado por las tropas borbónicas tras la reconquista de Barcelona y llevado de prisión en prisión hasta su muerte, en Segovia. Antes de morir recibió una notificación de Carlos III, ahora Carlos VI, en el que lo nombraba Mariscal de Campo imperial. Demasiado tarde. Su sueño de una España bajo los Austria fracasó, el de una corona de Aragón alejada de los Borbones también, y tan sólo dejó un país dividido con un bocado arrancado de cuajo en la frontera sur…

..Gibraltar…