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Jonás tiene todo un lienzo en el pecho. A un lado, su pueblo: Utrera. Al otro, la catedral de Cádiz. En medio, una extraña bahía que comunica la campiña sevillana con la playa gaditana surcada por una góndola cargada de multitud de detalles alusivos a míticas comparsas. Alegorías carnavalescas que sólo el que la lleva la entiende. Luis en cambio, ha optado por el Gran Teatro Falla, máscaras, góndolas, un reloj de arena, partituras. Ambos coinciden en dos puntos. Son sevillanos. Pero llevan el carnaval de Cádiz tan dentro que les traspasa la piel y es visible para el mundo entero.

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Tatuarse es tan antiguo como la humanidad. Dicen que el tatuaje más antiguo que se conoce está en una momia peruana: un fino bigotín sobre el labio superior aunque puede que la supere en más de mil años el cazador que apareció congelado en los Alpes austríacos: tenía nada menos que 61 tatuajes. No podemos olvidar a las sacerdotisas egipcias que ya cuatro mil años atrás se tatuaban partes tan delicadas como el pubis. En Europa el tatuaje estuvo asociado durante siglos a los marineros, que los copiaban de otras culturas, pero sobre todo a gente de mal vivir (sea esto lo que sea), tal vez porque los romanos lo usaban para marcar a los criminales y los nazis los imitaron hasta en eso. En 1891 Samuel O’Reilly, un neoyorquino de origen irlandés, inventó la primera máquina de tatuar y la práctica, antes relegada a los bajos fondos o a ambientes religiosos y secretos, se popularizó hasta alcanzar su mayor punto de inflexión (hacia arriba) en los años sesenta, cuando los hippies desafiaron a los puristas con sus cuerpos cubiertos de símbolos de la paz. Tanta repercusión alcanzó que ahora avanza por modas y tendencias y los hay realmente impactantes, como estos de aquí o estos otros que recopila esta web.

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Fran decora sus brazos con extraños muñecos que parecen sacados de una película gore. ‘Este es el tipo de la comparsa de los Muñecos y este otro de la comparsa de Los Cobardes’, explica, ‘y este otro es una frase de Los Inmortales y esto otro el Gran Teatro Falla’. Su amor por Cádiz es tan desconcertante como su origen. Lora del Río, en Sevilla. Como Jesús Martín, un joven de La Palma del Condado, en Huelva, que se está tatuando en un estudio de Cantillana, también en el interior de Sevilla, los tipos de varias conocidas comparsas gaditanas: Las Locuras de Martín Burton, Los Chatarra, la Serenísima, la guitarra del conocido guitarrista carnavalero Perico y el Gran Teatro Falla. Celia es una joven de Manilva, en Málaga, y también quiere llevar la gran fiesta de Cádiz en su piel aunque ha elegido un motivo más discreto: una máscara de carnaval de estilo veneciano en la nuca.

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‘Cuando un cliente me pide un motivo de carnaval me motiva mucho’, me dice Juan Andrés Gallego, un tatuador de Villanueva del Río y Mina con estudio en Cantillana (ambas localidades en Sevilla). ‘Pero intento cambiarle la idea porque todos tienen tendencia a las mascaritas’. Y Juan Andrés muestra entonces sus réplicas del Falla, figuras de enanitos, bustos que cantan a un público invisible, manos que rasgan guitarras. ‘También tatúo a los jugadores del Betis’, añade por si acaso, ‘pero el carnaval es mi pasión y encima trabajo pintándolo…’. Juan Andrés está ya metido en faena porque la pasión por el carnaval de Cádiz supera las estrictas fronteras de esa provincia. ‘Viene gente de Huelva, de Jaén, de Málaga, muchísima de la sierra de Sevilla’, asegura, ‘y todos quieren llevar algo que les recuerde su pasión todo el año: como yo’, sonríe: sobre el bícep de Jesús, el muchacho de La Palma del Condado, en Huelva, tatúa el Gran Teatro Falla, un comparsista, una guitarra, varias alegorías de la gran fiesta de Cádiz.

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¿Qué te dicen tus amigos?, le pregunto a Jesús. ‘Flipan pero saben que me gusta y esto es algo para lo que tienes que estar muy seguro porque ya vas a tenerlo toda la vida’. Aunque ya nada es para siempre y los blanqueadores tienen mucho público, no parece que este sea el caso. ‘Empecé haciendo pequeños tatuajes en colegios privados de Sevilla’, me cuenta José Andrés, ‘pero me vio un amigo y me dijo que podría dedicarme a esto: y ya ves’. Y además de tatuar a buena parte de los jugadores del Betis CF, José Andrés ha abierto brecha en el mundo del carnaval gaditano.

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‘Por mis manos han pasado miembros de las comparsas de Kike Remolino, de Antonio Martín, de la chirigota del Canijo…’. Sandra es gaditana y comparsista. ‘Como he vivido el carnaval desde pequeña y desde hace unos años salgo en una comparsa tocando la bandurria: ¿qué mejor que tatuarme una?’. Su homónima Sandra, en cambio, fue ninfa en el carnaval de Cádiz de 2013. ‘Y me tatué un antifaz rodeado de las trece ninfas de ese año, el dos mil trece, que también consta como recuerdo de mi mejor año’. Jesús aprieta los labios y contrae los músculos de puro dolor. ‘Te tiene que gustar mucho’, dice entre sudores, ‘porque duele un rato’. Mira al tatuador inquisitivo. ‘¿Por qué el color blanco duele más que el negro?’. ‘En realidad me estoy tatuando el Falla y las agrupaciones en las que me hubiera gustado salir’, me cuenta ante la atenta mirada de su padre.

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Fernando Espinosa es un álbum de Panini. Su cuerpo está repleto de tatuajes y es difícil mantener la vista en uno sin interesarse por el vecino. Pero hay una figura que es inequívocamente carnavalera. El tipo de la comparsa Los Invencibles, de Antonio Martín. ‘Cuando me llamó Antonio Martín no me lo creía y decidí tatuármelo para no olvidarlo nunca’. No es cualquier cosa. Antonio Martín es una de las figuras más admiradas y seguidas del ecosistema del carnaval gaditano. ‘Se fijó en un tipo como yo, que además soy de Sevilla, y creo que el primer sevillano que ha salido con él’, cuenta Fernando con evidente orgullo, ‘¿cómo no iba a tatuarme aquel 15 de enero que pisé por primera vez las tablas del Falla…?’. De Algeciras vienen dos hermanas, Vanessa y Rosa. ‘Pensamos en hacernos un tatuaje de algo que nos uniera más y estuvimos pensando en lo típico, maripositas, hadas y cosas así, pero nos miramos y nos dijimos: si lo que realmente nos gusta es el carnaval…’.

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Y muestran unas máscaras paralelas, idénticas, grabadas para siempre, y en paralelo, en sus antebrazos, ‘uno en la parte de arriba, el otro en la de abajo’. La afición por el carnaval de Cádiz es menos llamativo en los vecinos de esta ciudad. Manuel María, por ejemplo, nació en el barrio de la Viña, que es casi como decir el centro de la fiesta, y es comparsista. ‘El carnaval me va a traer un divorcio’, asegura sonriente mientras muestra su tatuaje: él mismo cantando. ‘Estuve pensando qué dibujarme y vi una foto mía cantando en la comparsa de Los Fantasmas’. Y dicho y hecho. Su rostro colorido cantando quién sabe si un pasodoble permanecerá para siempre en su cuerpo. Franki optó por una frase de la comparsa los Cobardes: ‘fue escucharla y supe que tenía que llevarla en el brazo…’. David lleva un duende colorado en el antebrazo. ‘Mi comparsa’, dice, ‘la sacamos en quince días después de mucha fatiga y terminamos ganando el concurso: no sigo dibujándome porque mi mujer me para… pero igual un día aparezco en casa con alguno más….’. Carnaval en la piel…

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