Este post se ha leíd354veces

Los vecinos de Berga están acostumbrados a presentar resistencia. Lo hicieron cuando la península aún no tenía ni nombre, plantando cara a los invasores de Roma. Insistieron más tarde, plantando cara a los árabes. Repitieron años después, plantando cara a los herederos de Fernando VII. Y lo hacen ahora, levantados en conjunto frente a lo que califican de estado español opresor. Un paseo por su casco histórico me recuerda los paseos por el Euskadi levantisco de los años noventa: barrios grises, casi industriales, a pesar de que paseo por la parte histórica, sus balcones iluminados por esteladas de toda índole, bares reivindicativos con carteles que no admiten equívoco. Berga es uno de los centros independentistas de Cataluña como antes fue una destacada punta de lanza contra el imperio romano, contra la invasión árabe y, curiosamente, la capital del movimiento carlista contra el poder absolutista de los Borbones.

www.losmundosdehachero.com

Arriba Montse, la alcaldesa, y abajo el balcón de la discordia, con esteladas pero sin la bandera de España

Montse Venturós es una alcadesa perseguida por la justicia. ‘Eres la millor’, le dice una señora en la plaza del ayuntamiento mientras la multitud canta Els Segadors. La alcaldesa acaba de lanzar una virulenta diatriba contra el poder central, ‘putrefacto, corrupto y en descomposición’, dice en pleno conflicto secesionista sin pararse a medir palabras. El público, que abarrota la plaza, lanza proclamas aisladas, un llibertat por allá, un aislado viva Terra Lliure que levanta sonrisas y murmullos, un visca Catalunya por acá, proclamas de In-Inde-Independència por acullá. Como dice este perfil, la alcadesa lleva toda la vida desobedeciendo. Tal vez por eso es alcaldesa: porque Berga también es contestona.

Las esteladas de todo pelaje salpican las calles de su casco histórico, presiden la ciudad desde el castillo de San Fernando que Defensa cedió al consistorio y el consistorio vendió a unos particulares, abrigan árboles y decoran ventanas y balcones, anónimos pero también oficiales. Porque la alcaldesa decidió un día decidió colgar la estelada del balcón del ayuntamiento y arrojar la rojigualda nacional al baúl de los recuerdos. Poco después los mossos de esquadra la detenían. Su caso aún colea, después de archivar y desarchivarlo en las dependencias judiciales. Tampoco se presentó a declarar por su apoyo al referéndum del 1 de octubre de 2017  y espera con ansiedad que la detengan otra vez por desobediencia. A tenor de su poder de convocatoria no parece que los vecinos desaprueben a su levantisca (en lo político) alcaldesa.

La plaza del ayuntamiento se llena de gente para pedir libertad por los líderes del catalanismo independentista presos. Los bares cierran antes, los comercios echan persianas, los peatones caminan juntos hacia la convocatoria llevando banderas, insignias, cartelitos. Los imagino directos al cadalso ante los romanos, los árabes, los borbónicos. Tal vez la historia de Berga tenga un punto enconado en el que los hechos se repiten esperando un acontecimiento distinto, heroico y que deje a los vecinos de una vez por todas satisfechos.

Porque Berga fue, con permiso de Berge en el Bajo Aragón, la antigua Castrum Bergium, mencionada por los ilustres Catón y Tito Livio, hogar de un pueblo íbero, los bergistanos, que ya eran levantiscos en los tiempos del Imperio: se rebelaron contra Roma pero fueron reprimidos duramente por el cónsul Catón el Viejo, se volvieron a levantar años después pero los romanos no consintieron una tercera revuelta y los sometieron gracias a la traición de algunos vecinos. De hecho, según Catón, su hostilidad la pagaron los pueblos limítrofes porque los romanos, escarmentados, ordenaron desarmar a todos los pueblos presentes hasta el Ebro, destruir sus murallas y arrebatar sus armas, lo que llevó a muchos al suicidio (porque vivir sin armas era todo un deshonor) y a la destrucción física de muchos poblados y aldeas. En aquella época Bergio era una ciudad fortificada que servía de refugio a malhechores (según los romanos) que atacaban los territorios ya pacificados por los latinos.

www.losmundosdehachero.com

El castillo que domina la ciudad, las instituciones oficiales y hasta la iglesia del campanario: la estelada reina en Berga

La traición se gestó en su interior: uno de los jefes tribales de los bergistanos se presentó ante el cónsul para rendirle pleitesía porque, dijo, no estaba de acuerdo con la estrategia de sus vecinos. Los romanos le pidieron que les ayudara a conquistar la ciudad y eso hicieron: mientras las tropas de Catón escalaban las murallas, los díscolos del interior tomaban la ciudadela y así las tropas de los bergistanos tuvieron abiertos dos frentes. Los que ayudaron a los romanos salvaron vidas y propiedades. Los demás fueron ejecutados o vendidos como esclavos.

Si bien el episodio de Roma fue memorable y terminó mal, los bergistanos no se conformaron y con el paso de los siglos sufrieron también la destrucción a manos de los árabes y tomaron partido nada menos que por el partido carlista tras la muerte del infame Fernando VII. No sólo tomaron partido: se convirtieron en su capital hasta que el general Espartero acabó con el sueño de un estado liberal sin Borbones Ahora, siglos después de acumular luchas épicas, se embarca sin ambages en el independentismo más irredento. Así pues, si su alcaldesa termina entre rejas no será la primera vez ni será la primera mandataria. Por eso en Berga confluye eso que han llamado transversalidad. Porque la alcadesa levantisca que espera ser detenida milita en la CUP pero arrastra la tradición de los irreductibles bergistanos esclavizados por los romanos y la de los burgueses carlistas de impolutos uniformes y gritos en defensa de Dios, Patria y Rey. Ramón de Cabrera y Griñó, un aspirante a cura que terminó enrolado en las filas carlistas y conocido con el sobrenombre de El Tigre del Maestrazgo, llegó a atrincherarse en Berga con veinte batallones antes de cruzar los Pirineos en una vergonzosa huida de las tropas borbónicas.

Volvemos una vez más a la transversalidad: los requetés de hoy liderados por los anticapitalistas de la CUP y espoleados por la tradición de unos vecinos acostumbrados históricamente a plantar cara al que consideran enemigo. En una pared alguien ha pintado en negro vivo un ‘Visca Espanya’ pero otro alguien se ha apresurado a tacharlo con pintura roja. Tal vez la historia esté condenada a repetirse en Berga. Puede que el enemigo esté dentro del fortín, que el bergistano sea tan levantisco como apaciguador, tan antisistema como requeté. Puede que en Berga se concentre todo un universo. El universo ibérico…