Autor: José Luís Sanchez Hachero

Teknaf, la ciudad del fin del mundo

Al final de una lengua de tierra, en los confines meridionales de Bangladesh, y hecho un sandwich entre un caudaloso río y el extenso golfo de Bengala, se encuentra Teknaf, la ciudad del fin del mundo. Si es que esto que ven mis ojos es una ciudad. No hay razón turística para pisar sus polvorientas calles más allá de una visita al archipiélago de San Martín, cuatro islas situadas a doce kilómetros de la costa donde tirarse a la bartola entre palmeras o explorar los fondos del mar. Las calles de Teknaf son descuidadas y sin acerado, los comercios...

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Las norias humanas de Bangladesh

Sube la noria entre las risas de unas quinceañeras que miran desde las alturas el horizonte del parque Shishu. Un horizonte cercano, presumo, porque la noria asciende lo justo para que se pueda ver la copa de los árboles mas bajos. Y así debe de ser porque si la noria tuviera más altura las quinceañeras no tendrían problemas en recrearse en el horizonte de la monstruosa ciudad de Dacca pero entonces los muchachos que hacen de motor humano no alcanzarían las cabinas ni con el más portentoso de los saltos. Porque la noria no sólo es de madera coloreada...

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En el cementerio portugués del golfo de Bengala

En el patio de la catedral de Nuestra Señora del Rosario duermen su sueño eterno los espíritus de gentes de aspecto indio con nombres británicos y apellidos portugueses. Allá veo a Edwin Furtado y más allá John Serrao, Peter Gomes y Herbert Fernandes. En sus cruces hay angelitos de colores dibujados con cierto estilo naif, algún cuervo se posa descuidado sobre las cruces de piedra, la calma y el frescor de los árboles contrasta con la locura total que se vive fuera de su perímetro. Los apellidos portugueses pueden descansar en paz. ¿Pero qué hacen aquí tantos portugueses? Porque...

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En el puerto de Chittagong

    Hileras de barcos oxidados, pesqueros de madera con pomposos puentes de mando de los que asoman cabezas sonrientes, cargueros inmaculados, portacontenedores al límite de su resistencia, frágiles barquichuelas coronadas por coloridas sombrillas, petroleros moribundos rumbo al desguace, trasbordadores cargados de peregrinos. El puerto de Chittangong domina el golfo de Bengala desde una posición privilegiada pero al tiempo ofrece un universo de barro sucio, cielo gris plomizo y decrepitud que atonta al recién llegado. O sea: yo. Subo a una lanchita para ver desde el mar lo que he contemplado desde el puente que da acceso a la...

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El código Mudil

Enterrado en una tumba de un cementerio sin pompa, sirviendo de almohada a una adolescente muerta dieciséis siglos atrás, yacía (se suponía que para siempre) un libro de salmos. Pero no cualquier libro de salmos: el Libro de Salmos. El libro encuadernado más antiguo del que tengamos constancia, cuatrocientas noventa páginas de pergamino encuadernadas con cubiertas de madera sujetas con cuero, escrito a mano en dialecto copto con caracteres del griego antiguo que se completan con siete jeroglíficos del periodo tardío del antiguo Egipto.  Algunas palabras del griego y del copto no se habían visto nunca antes y sacudieron...

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