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Alonso Sánchez cruzó el Océano Tenebroso en 1484 y descubrió unas tierras que hoy suponemos América pero que en aquel momento tan sólo le reportó como premio una sífilis que acabó con su vida. La enfermedad le sembró el cuerpo de horribles llagas pero además, por si fuera poco, difuminó su identidad hasta tal punto que hoy ni siquiera sabemos si ese hombre existió o se lo inventó alguna mente fantasiosa. Tal vez fuera el castigo de algún dios caribe porque Alonso descubrió América sin querer, arrastrado por los vientos al poco de zarpar hacia las islas británicas, donde vendía los productos de su tierra: aceite, vino, carnes saladas. No llegó nunca porque el temporal lo dejó en otra parte, no supo decir cuál. Tan sólo que parecía el paraíso, que sus habitantes iban desnudos y eran de natural bondadosos. Lo acogieron tan bien que pasó varias semanas en la isla y la estancia no debió de ser mala porque, continúa la leyenda, los indígenas hasta le ayudaron a calafatear la embarcación.
Alonso Sánchez anotó la posición de las estrellas, las corrientes, las aves que les sobrevolaron cercana ya la costa. Lo que no pudo anticipar era un regreso de pesadilla en el que tendría que luchar contra un mar desconocido y contra su propia memoria. La embarcación, muy mermada, sufrió lo indecible y cuando arribaron a Canarias sólo quedaban vivos seis marineros de su tripulación. La leyenda deja incluso los nombres de los supervivientes en unas coplas populares que recopiló fray Bernardino de Ramos en 1573, casi un siglo después de tan enigmático viaje: Pero Fernández, Juan Bermúdez, Pero Francés, Franco Niño y Juan de Umbría. Según cuenta, atracaron exhaustos en la aldea de San Sebastián de la Gomera, donde recibieron ayuda de sus vecinos. Un potentado local, Diego García, les dio cobijo y los dejó en manos de un marino italiano que casualmente fondeaba en la isla: Cristóbal Colón. Y dice más la leyenda: dice que el moribundo le cedió sus escritos bajo la promesa de que los haría llegar a sus parientes en Huelva.
Guajira por Hachero
Fray Bartolomé de las Casas recoge el comentario apenas medio siglo después del supuesto viaje y el cronista Juan López de Velasco se hace eco en su ‘Geografía y descripción universal de las Indias’, en 1574. Años más tarde, en 1639, la leyenda vuelve en boca de Fernando Pizarro Orellana, en su libro ‘Varones ilustres del nuevo Mundo’, quien le pone nombre al desconocido y da forma al relato. El padre Gumilla, un jesuita que desarrolló su misión en el Orinoco, cambiará La Gomera por la Madeira, y al onubense lo convierte en vizcaíno. Garcilaso de la Vega, por su parte, consideraba a Sánchez alguien histórico, y lo hacía en el Perú del siglo XVI. En sus ‘Comentarios Reales de los incas’, Garcilaso relataba que el navío de Alonso Sánchez fue arrastrado por una tormenta más allá de las Azores y cómo de allí volvió para morir en brazos de Colón.
Sánchez serpentea por la historia creando rencillas entre los estudiosos. Torcuato Luca de Tena, en su libro Los mil y un descubrimientos de América, recoge la copla donde se menciona la leyenda de las cartas que el moribundo confió a Colón para que las hiciera llegar a sus parientes en Huelva. Y relata también cómo éstos, agradecidos, le cedieron los derroteros con la información privilegiada. Luca de Tena llega a una conclusión desconcertante: siguiendo el rastro de los ochenta y siete tripulantes de la expedición de Colón, afirma que tres de ellos no son desconocidos: Francisco Niño, Juan Bermúdez y Juan de Umbría, casualmente tres nombres que se cantaban en esas coplillas de la Gomera. Luca de Tena deja entrever que tal vez no fallecieran todos y que alguno de los marineros se hiciera a la mar en un improbable viaje de vuelta. De Alonso Sánchez nunca más volvió a saberse, salvo en Huelva, donde sus vecinos lo consideran ya para siempre el descubridor de América y han dedicado, en su memoria, una calle, un instituto, un parque, un polideportivo y hasta una estatua en los jardines del muelle.

Estos son los versos de fray Bernardino de Ramos, según relata Torcuato Luca de Tena en su investigación:

 

Ya Canaria conquistada
a la Gomera arribó
una nave empavesada
por buen tiempo que corrió
al ser en Cádiz armada
con Colón y aquí fondeó.
De aquesta tierra Gomera
el gran marino habitó
la casa que le ofreció
Diego García Herrera
la que su hijo heredó
y después gozó su nuera.
Y sucedió en aquel tiempo
cosa digna de contar
que por fuerte temporal
de mar recia, lluvia y viento,
la nave de un nautical
corrióse a lejano puerto.

 

Ya en tierra desconocida
sus caciques indorinos
en tal penosa jornada
el nautical y marinos
con motivo de la arribada
tratáronle cual divinos.

Hizo el nautical del viaje

un derrotero y buen plano,

levó anclas, tomó aguaje

y partió del suelo indiano

con su nave al capeaje

cierto día de verano.

 

durante el viaje lo fueron

de tumores, que por descuido

 sin curarles ellos dejaron,
 algunos destos murieron
cierto día de verano.
y seis tornaron malignos.

 

 

Hizo el nautical del viaje                  Se enfermaron los marinos
un derrotero y buen plano,               durante el viaje lo fueron
levó anclas, tomó aguaje                  de tumores, que por descuido
y partió del suelo indiano                 sin curarles ellos dejaron,
con su nave al capeaje                     algunos destos murieron
cierto día de verano.                        y seis tornaron malignos.
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Pero Fernández contó                     Pero Francés nos hablaba
que vio una isla poblada                 de esa tierra y con encanto;
que su gente iba pintada                 también Franco Niño daba
y que en ella pernoctó.                   más noticias, mientras tanto
Juan Bermúdez afirmó                   Juan de Umbría sospechaba
todo lo que aquel narraba.              fuese el paraíso santo…
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Surcando olas violentas                  De tal fusta marinera
rota en la nave sus gavias,              los horrores del naufragio
la gente muy fiebrolentas,               lloró la villa gomera
perdida casi sus sabias                    y Colón, aquí en espera,
maltrecho por las tormentas,           tendió en su casa agasajo
llegaron a las Canarias.                   cual pudo y a su manera.
Estatua dedicada a Cristóbal Colón en la plaza de las Monjas de Huelva
Luego, y a los pocos días                     Dicho derrotero y plano
fallecía el nautical                                 los recogió el genovés
de tan incurable mal                              para su entrega a un huelvano,
y Colón, por simpatías,                         y como tuvo a su mano
les sufragó el funeral                             documentos de interés,
y a aquellos, sus estadías.                      los conservó muy ufano.
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Ya referimos lo grave.                           Por ser el muerto atendido
En dos años que vivió                           cedióle en Huelva un pariente
hacia España con su nave                      a Colón muy complacido,
y la otra que arregló                               el derrotero, excelente,
desde aquí, Colón partió                        y aquel plano, conocido
a Cádiz, con viento suave.                     que iluminaron su mente.
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Por los documentos vio                         De ayuda al descubrimiento
que el nautical había ido                        de las tierras, y con denuedo
a regiones que soñó                               dado su conocimiento
el gran Séneca instruido                         nuestro morador gomero
y ese secreto guardó                               salióse de Huelva luego
para darle buen destino.                          de conseguido su intento.
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Colón, con aquel secreto
y otro que había adquirido
de antemano más completo
con aplomo y buen sentido
descorrer quiso lo ignoto,
por ser un hombre entendido. (…)         Fray Bernardino de Ramos, 1573

Guajira por Hachero
Bibliografía
Torcuato Luca de Tena, Los Mil descubrimientos de América, Eds. de la Revista de Occidente, 1968 / ABC 10/09/1965, artículo de Torcuato Luca de Tena
        Fray Bartolomé de las Casas, Geografía y descripción universal de las Indias
        Juan López de Velasco, Geografía y descripción universal de las Indias
        Fernando Pizarro Orellana, Varones ilustres del Nuevo Mundo
        Inca Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales de los Incas
        Francisco López de Gomara, Historia general de las Indias y vida de Hernán Cortés