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En el centro de Dhaka, rodeado de mansiones, embajadas internacionales y fundaciones de todo tipo, un grupo de obreros carga una viga de metal. Hace calor, un calor pegajoso y sofocante, tropical. Un calor que convierte en un incordio cualquier prenda. Tal vez por eso los obreros no tienen zapatos de seguridad. ¡Qué digo zapatos de seguridad! ¡Ni zapatos tienen! Alguno tiene sandalias. Ninguno cuenta con un casco, ropa especializada, no hay grúas ni se las espera. El capataz da órdenes: ¡uno!, ¡dos!, y los muchachos levantan con un esfuerzo sobrehumano la viga mientras otros se introducen debajo y las soportan sobre sus espaldas. ¡Parecen costaleros de la semana santa española! Pero arriba no hay una virgen ni un cristo: sólo metal. ¿Y si cae la viga? ¡Les amputará los pies sin duda alguna! Mala suerte, supongo, el trabajo no abunda y a ver quién pide aquí unos zapatos de seguridad. Al fin y al cabo la pérdida de una extremidad puede considerarse nimia: ¡es la vida lo que está en juego!

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Cada día mueren en el planeta cinco mil quinientas personas por enfermedades laborales, lo que arroja una cifra sonrojante: más de dos millones trescientas mil personas al año. Achicando espacios: cada 15 segundos muere un trabajador, sobre todo en países en vías de desarrollo. Sólo en accidentes pierden la vida más de trescientos veinte mil trabajadores anuales. Europa, que tiene unas excepcionales medidas de seguridad, sufre un accidente laboral cada cinco segundos, una cifra que iba a la baja hasta que los recortes presupuestarios afectaron también la seguridad y prevención de riesgos laborales. Sólo Europa gasta más de 145.000 millones de euros anuales para curar enfermedades laborales. La cifra en todo el mundo es escandalosa pero insuficiente porque la mayoría de países ni siquiera se ha molestado en adherirse al total de las normas de la Organización Internacional del Trabajo, la OIT. Dice la misma fuente que 160 millones de personas sufren enfermedades laborales no mortales cada año y que además de las cifras anteriores se producen otros 317 millones de accidentes laborales no mortales. Fuente (pincha aquí)

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Agricultura, construcción, pesca y minería son los trabajos más peligrosos. Las causas principales de accidentes en la construcción, que es lo que observo en Dhaka, son fáciles de imaginar: golpes, caídas violentas, o bien caídas de objetos, ausencia de equipos de seguridad, incluso de maquinarias, movimientos de tierras, andamios inseguros…

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Los muchachos de la parte rica de Dhaka consiguen colocar la viga sobre la caja de un camión. Un chico que parece demasiado joven para transportar vigas de metal me sonríe alegre mientras se secan el sudor de la frente. Esta vez no ha habido problemas. Pero detrás reluce bajo el pegajoso calor un montón de vigas herrumbrosas. Quién sabe si su nombre está escrito en alguno de ellas…

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Convenio sobre seguridad y salud de los trabajadores y medio ambiente de trabajo (Entrada en vigor: 11 agosto 1983)

Parte IV. Acción a Nivel de Empresa

Artículo 16

  • Deberá exigirse a los empleadores que, en la medida en que sea razonable y factible, garanticen que los lugares de trabajo, la maquinaria, el equipo y las operaciones y procesos que estén bajo su control son seguros y no entrañan riesgo alguno para la seguridad y la salud de los trabajadores.
  • Deberá exigirse a los empleadores que, en la medida en que sea razonable y factible, garanticen que los agentes y las sustancias químicos, físicos y biológicos que estén bajo su control no entrañan riesgos para la salud cuando se toman medidas de protección adecuadas.
  1. Cuando sea necesario, los empleadores deberán suministrar ropas y equipos de protección apropiados a fin de prevenir, en la medida en que sea razonable y factible, los riesgos de accidentes o de efectos perjudiciales para la salud.DSC_9757 2-imp

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