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Antonio del Rosal Vázquez de Mondragón fue un tipo tan jovial y simpático que sus captores le dejaron elegir cómo quería morir. Acababa de ser sentenciado a muerte por el propio Máximo Gómez, el líder de los independentistas cubanos, en el contexto de la guerra que libraban contra la metrópoli. Antonio, que en ese momento era teniente del batallón de cazadores de Chiclana en Cuba, husmeó el aire, miró a sus carceleros y les dijo: de viejo. A su alrededor estalló una tromba de risas, el rehén volvía a arrancarles risotadas, y la anécdota creció hasta convertirse en leyenda: el español ha elegido cómo morir y será de viejo. Vázquez pasó cincuenta y seis días prisionero entre los mambises, los independentistas cubanos, y pudo contarlo, aunque no por ese chiste sino porque era más valioso vivo que muerto.

Antonio Vázquez

Antonio del Rosal Vázquez

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Tenía veintisiete años y aún debía dejarnos una delirante descripción de la primera guerra de los cubanos por la independencia, ‘En la Manigua, diario de mi cautiverio’, donde cuenta su encuentro con el comandante Miguel Ruiz, un guerrillero independentista con una extraordinaria fama de valiente y un origen desconcertante: Sevilla. Frente a frente, Antonio y Miguel, descubren que comparten algo más que guerra. Antonio, granadino de Loja, y Miguel, sevillano de Sevilla, combatiendo en bandos contrarios por la independencia de una isla del Caribe. Durante el cautiverio, Antonio comparte chistes con el sevillano, éste le proporciona tabaco, una chaqueta y cuida en todo momento de que su paisano reciba un buen trato.

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Antonio consiguió su objetivo: morir de viejo. Liberado por los mambises, y derrotado por ellos, regresó a España para escribir varios libros, intentar reorganizar un ejército en decadencia y subir posiciones en el escalafón militar. Y hasta en esta parte de su vida, que se supone más oficial y menos dado a la extravagancia, dio que hablar porque acumuló tantos méritos que necesitó un permiso especial para que las condecoraciones pudieran colgarle del lado derecho del pecho y hasta de los hombros, tantas llegó a tener. Por su parte, Miguel, el revolucionario de Sevilla, pasó a la historia de los Mambises, como eran conocidos los independentistas cubanos en honor al primer oficial que plantó cara a las tropas españolas, Eutimio Mambí, como un ejemplo de lucha y arrojo, luchando codo con codo con el propio Máximo Gómez, el líder de la revuelta, en el centro de la isla.

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Referencia:

Rosal y Velázquez, Antonio del. En la manigua, diario de mi cautiverio Imprenta B. Cao. Madrid, España, 1875. (Puedes bajarlo aquí: https://es.usenet.nl)