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Pepita tenía un fuerte carácter y un marcado análisis satírico capaz de ridiculizar al más férreo enemigo pero vivió en una época difícil que no permitía excesos a las mujeres: principios del siglo XIX. Y mucho menos en el lugar que el destino le eligió como residencia: Guatemala. Así que Pepita ocultó su nombre y sus contemporáneos nunca sospecharon que Juan de las Viñas no era varón sino hembra y aunque sufrieran la mordacidad afilada de su pluma no tuvieron que bajar la cabeza avergonzados sino que la subían airados reclamando mandobles. Pepita tenía un nombre y era María Josefa García Granados y Zavala y no era guatemalteca sino gaditana del Puerto de Santamaría aunque vivió tantos años en centroamérica que olvidó su cuna para pasar a la historia como una de las grandes literatas de esa nación. Su universo está tan repleto de coños y carajos, de fornicie y de molicie, como de crítica política e ironía social, un universo rompedor que es todo un ejemplo de métrica y rima pero que al tiempo es algo más: es un grito desesperado por salir de una época que hacía de la mujer una prisión, una cárcel que supo romper con su verborrea descarnada y sin tapujos. Y por supuesto con una literatura que muchos consideraron, y consideran, pornográfica pero que abrió las puertas a un universo de descripciones subidas de tono que tal vez denoten un origen gaditano como de chirigota callejera…

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Sermón

Vosotros, que tal vez cuando natura

os despierta la sangre y que os apura

a buscar en la carne algún deleite

untáis la mano de asqueroso aceite,

y así vuestra lujuria se amortaja

en una triste y desabrida paja.

(…)

Mas para oír con fruto mis razones,

cada varón empuñe sus cojones

y las hembras su coño y sus dos tetas

que jalan más que doce mil carretas.

(…)

Con carajos y coños juntamente:

¡tened piedad de la afligida gente

que ha escuchado devota mis palabras,

tened piedad que se me van las cabras!

Y entre tanto que el mundo se corrige

y que el carajo al coño se dirige,

sobre las aras de tu santo templo

les voy a predicar con el ejemplo.

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Josefa nació hija de José, un comerciante que había hecho fortuna en Centroamérica y decidió regresar a su hogar para formar familia con una acaudalada muchacha de familia de copete. De sus amores nació en 1796 en El Puerto de Santamaría la pequeña Pepita. No tenía aún ni diez años el proyecto de ácida escritora cuando don José decidió volverse a Guatemala para huir de los invasores napoleónicos que dominaban España y le exigían un tercio de todos sus bienes. Y fue en Guatemala donde la joven Josefa creció para desarrollar su imaginación y carácter. En su vida fue mujer enérgica y también díscola, escribió el ‘Boletín del Cólera’, látigo satírico de la sociedad de su época, pero también cultivó la poesía y la oda histórica, fundó dos periódicos de marcado carácter político, tradujo a Lord Byron al castellano y fue el primer referente del feminismo en la historia de Centroamérica. Una voz que descargaba su látigo en todos, incluidos los jóvenes a los que veía sin fuerzas ni sangre para enderezar el rumbo de su patria:

¡Oh vosotros, muchachos negligentes

que servís de ludibrio a los vivientes

pasando el tiempo en ocio tan profundo

cual si no hubiera coños en el mundo!

Por si fuera poco, Pepita fue madre de seis hijos, ama de casa ejemplar y mujer sin miedo capaz de caminar de noche por las calles de su ciudad, que era peligrosa y de armas tomar. No contenta con su doble vida, Pepita fue la única mujer que participó activamente en la independencia de Guatemala y en su posterior anexión a México. Muchas de sus mañas las desarrolló, como dije, escondida tras un nombre masculino, el referido Juan de las Viñas, parapeto que le permitió dar rienda suelta a su pluma, a su ironía y, por qué no, a un carácter retador que sus enemigos consentían en un hombre pero no en una mujer. Pero incluso así su identidad quedó al descubierto y la ágil Pepita tuvo que huir a Chiapas para salvar su vida y seguir componiendo poemas y fundando revistas.

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Una inquietud, la política, que le pasó factura en forma de expropiación de todos sus bienes y posterior ruina pero que no impidió que su hermano menor, Miguel, nacido en Sevilla, fuera presidente del país años más tarde y organizara un buen escándalo al decretar la libertad de prensa, de cultos, la educación laica y la expulsión de los jesuitas. Pepita participaba de las tertulias aparentemente literarias del sacerdote madrileño José María Castilla, que actuaba en la sombra impulsando la secesión de sus diócesis de aquella corona malvada que sólo acertaba a extorsionar a sus ciudadanos. Con esa doble vida, de amante esposa y de intrigante política, Pepita está hoy considerada en centroamérica, y hasta en los Estados Unidos, símbolo de lucha contra el patriarcado y de independencia femenina y en los EE.UU se la señala de ejemplo de cómo una pareja puede convivir con dos vidas autónomas e independientes. ‘En casa de Pepita, cacarea el gallo y canta la gallina’, decían mordaces e indignados los vecinos, que también pintaban los muros de su casa con insultos a su marido: ‘En casa de Miguel cogen todos menos él’…

Tal vez por eso en sus biografías más accesibles se recalca que sufrió durante toda su vida de una terrible enfermedad: Pepita padecía el mal de las mujeres díscolas: la histeria…

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Referencias:

Ilustres autores guatemaltecos del siglo XIX y XX, Oralia Preble Niemí – Luis A. Jiménez, Librerías Artemis Edinter S.A., Guatemala 2004

http://www.literaturaguatemalteca.org/mjgarciagranados2.htm (genial reportaje sobre la vida de Pepita)

Más versos de Pepita:

http://www.literaturaguatemalteca.org/mjgarciagranados1.html