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En el ferri que cubre la ruta desde la isla griega de Chíos al Pireo, ya en Atenas y en uno de los confines mediterráneos, un muchacho me pide una foto. ‘Con la camiseta’, me dice, ‘que se vea la camiseta’. La camiseta tiene un escudo de un tal Raja Club Athletic. Un club de fútbol que es más conocido como Raja Casablanca. ‘Somos de Marruecos’, me dice el muchacho que dice llamarse Abdul, ‘y vamos pa Europa’. Pero esto no puede ser, le digo, vives apenas a una hora de España por Tarifa, ¿cómo se te ocurre venir hasta Grecia? ‘Es más barato y más seguro’, dice, ‘mucho más barato entrar por Estambul’. A sus espaldas otro muchacho agita risueño otra camiseta, pero en lugar de verde es roja: el Fath Union Sport de Rabat. ‘Los mejores’, me dice.

¿Está loco el mundo?

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Mientras digiero que haya marroquíes que den tamaña vuelta al Mediterráneo a mi lado pasan pakistaníes, afganos, eritreos, iraquíes y sirios, todos cargando bultos. Y me pregunto entonces: ¿serán yihadistas que vienen de Siria? En la guerra de Siria lucha un número indeterminado de marroquíes que las autoridades calculan en unos 1.500, enrolados sobre todo en el Estado Islámico. Los turcos han expulsado a cientos de magrebíes sospechosos de volar hasta Estambul para hacer la yihad en Siria y el Instituto Alemán para la Seguridad critica al gobierno de Rabat por hacer la vista gorda a la salida de estos jóvenes a los que considera un problema. Puedes leer aquí este gran embrollo de Marruecos y de sus vecinos, por ende:

http://www.dailysabah.com/africa/2015/11/09/reports-morocco-one-of-main-foreign-fighter-exporters

¿Quién sabe? Tal vez estos jóvenes no hayan podido entrar en Siria para luchar por el califato. Tal vez hayan luchado en Siria y ya se aburrieron y ahora quieren entrar en Europa. Tal vez nada de lo anterior y sean jóvenes que prueban suerte con un tremendo rodeo en lugar de arriesgarse a bordo de una patera en el sur de España. ‘¿Yihadistas?’, ríen todos, ‘¿tenemos cara de hacer la yihad?’, pregunta Abdul mientras agita su camiseta del Raja Club. ‘Quiero ser futbolista’, termina entre risas.

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Emigrante

Emigrante

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En mi mente están los cadáveres que esporádicamente aparecen en las costas de Cádiz, y como muestra cuelgo unas fotos hechas por mi amigo Sebastián Massa: ¿no es mejor dar la vuelta a todo el Mediterráneo que morir en Tarifa? Pero esto plantea otras dudas: ¿no mueren acaso ahogados cientos de personas en el Egeo? Sí, pero es más barato y las fronteras parecen más permeables que las del sur de Europa. Además, los marroquíes son devueltos casi de inmediato en cuanto los interceptan en las costas españolas, unas costas que están literalmente sembradas de cámaras de televisión gracias al Sistema Integrado de Vigilancia Exterior, conocido como SIVE, y que convierte la entrada en España en una carrera con demasiados obstáculos para un marroquí: la muerte y las cámaras.

Maniobras militares ante el Centro de Internamiento Temporal de Inmigrantes de Melilla…

Mientras, a unos 3.000 kilómetros, Gina arrastra maletas y dos niños mientras busca con la mirada un taxi. Ahora estoy en Melilla, al norte de África, y Gina dice venir de Homs, la castigada ciudad de Siria. ‘Mi padre murió, mi marido murió, no sé dónde está mi madre’, comenta sin lamentarse, ‘y tengo dos hijos pequeños, ¿tiene usted hijos?, ¿no haría cualquier cosa por ellos?’, dice Gina en un aceptable inglés, ‘pues me voy a Alemania porque allí está mi hermano y en Siria la vida es imposible, todo son tiros y bombas…’. Pero Melilla está muy lejos de Siria, el rodeo es importante. ‘Compré un billete de avión en Estambul hasta Argel, la capital de Argelia, y desde allí he venido por tierra hasta Melilla, donde he pedido asilo’.

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¡¡Asombroso!! Los marroquíes van a Estambul para entrar en Siria o en Europa mientras que hay sirios que llegan a Marruecos vía Estambul porque quieren conseguir exactamente lo mismo, entrar en Europa, o exactamente lo contrario: huir de Siria.

sirios en Melilla

Del Centro de Internamiento Temporal de Emigrantes, el CITE, de Melilla salen varias familias sirias. Buscan un taxi que los acerque al puerto, donde tomarán un ferri con destino a Málaga. Y de ahí, Bélgica y Alemania, me dicen todos. ‘Ya apenas llegan’, me comenta en cambio el inspector jefe de la Policía Nacional, José Antonio Morilla, ‘porque el gobierno de Argelia les pide ahora visado’. La puerta abierta del Mediterráneo sur ha permitido la entrada de varios miles de refugiados pero los atentados de París les supuso un nuevo obstáculo. ‘Algunos venían incluso vía El Cairo, que hacían por avión desde Estambul o Beirut, y luego por tierra: desde Argel es más fácil porque sólo son cien kilómetros hasta Melilla’, continúa el inspector jefe en el paso fronterizo de Beni Enzar. ‘Luego se acercaban aquí enseñando el pasaporte sirio, o diciendo Siria, o los que no tenían pasaporte ni sabían decirlo lo traían escrito en un papel o en el móvil…’

sirios en Melilla

Gina se va cargando a su bebé de meses y pendiente de que su hija, de dos años, no se le escurra. Por delante tiene un barco para entrar en Europa. Exactamente igual que los marroquíes de la isla de Chíos. Pero al revés.

Entre todos forman un círculo. Un círculo mediterráneo.

Un círculo absurdo.

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