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‘Es ilegal que lleguen hasta aquí’, me cuenta Ricardo Algora, psiquiatra de Médicos del Mundo mientras las hogueras titilan en la oscuridad del campo de refugiados de Moria, en la isla griega de Lesbos. ‘Pero es legítimo porque buscan vivir en un sitio donde se respeten los valores y los derechos humanos, donde las instituciones funcionen’, una perspectiva que explica que venga tanto refugiado con dinero porque el miedo físico es ‘un motor incluso superior a los problemas económicos’.

Ricardo en plena entrevista

Ricardo lo explica de modo gráfico: ‘la gente viene porque en sus países no se puede vivir, no se respetan los derechos, no hay los valores que sí se respetan en Europa, la capacidad de vivir libremente, expresarse libremente, una vida independiente, y desde ese punto de vista no les mueven tanto los problemas económicos, aunque influyan mucho, sino el hecho de estar en un sitio donde se sientan seguros y normalizados’. ¿Y quién pone freno a toda esta gente? Porque los sirios no admiten réplica: la guerra es terrible. ¿Y quién rechaza a un iraquí? ¡¡La guerra allí también es horrorosa!! ¿Y a los afganos? ¡Qué decir de los talibanes! ¡Y no hablemos de Somalia! Pero de pronto surgen las dudas: ¿por qué tiene Europa que admitir iraníes, turcos, saudíes, pakistaníes, eritreos? ¿Es que acaso hay guerra en estos lugares?

Un grupo de sirios espera su turno para entrar en Macedonia

Pues tal vez: el conflicto entre el gobierno de Turquía y los movimientos secesionistas kurdos ha causado alrededor de 40.000 muertos en treinta años (pincha aquí). Los kurdos de Irán también se las ven con el gobierno de Teherán desde que en 1945 intentaron crear un país llamado la República de Mahabat pero el intento fracasó, los líderes fueron ahorcados y desde entonces la idea de un estado kurdo en Irán es un quiero y no puedo, incluso con una guerra santa declarada por el ayatola Jomeini (pincha aquí). ¿Y qué decir del caos más absoluto, el de Somalia: alguien de aquí se cambiaría para vivir en la anarquía del Cuerno de África? ¿Y qué decir de los dos millones de chiítas con pasaporte saudí? La guerra mundial contra el chiísimo de la casa Saud se sublima en el interior del país y la represión de los wahabitas se eleva al máximo entre sus propias fronteras (pincha aquí): ¿cómo permitir que esos herejes blasfemos compartan la nacionalidad de los seres de luz que están sobre todas las cosas (incluida la vida y la lógica)? Respecto a Pakistán, sí, es cierto: no están en guerra. Pero un estudio del Institute for Economics and Peace asegura que entre Afganistán, Irak, Nigeria, Pakistán y Siria acumulan nada menos que el 78% de los atentados terroristas de todo el mundo (aquí el link). Y no olvidemos a los eritreos, que vienen por miles debido a una represión que la ONU califica como ‘sistemática’ y que ha expulsado del país a casi medio millón de personas en los últimos meses.

Afganos recién desembarcados en la isla de Lesbos

‘Esta gente tiene la determinación clara de llegar hasta donde quieren ir’, dice Ricardo entre penumbras, ‘les mueve salir del horror porque lo que peor tolera el ser humano es la violencia, la gente hace lo que sea para huir de la violencia y llegar a un sitio seguro: no hay nada como la seguridad para desarrollar una vida normalizada’. Desde luego debe de ser algo muy potente como para arriesgar la vida en las frágiles embarcaciones que zozobran con tanta facilidad, algo tan fuerte que lleve a ancianos, a veces muy ancianos, y familias con niños pequeños, a veces muy pequeños, a emprender un éxodo tan arriesgado. ‘Os quedan momentos muy duros’, le cuento a un yazidí de Irak en la isla griega de Chíos: ‘las fronteras, el frío de los Balcanes, la policía de algunos países no es precisamente simpática, el rechazo de muchos europeos…’ El muchacho me mira de arriba abajo como si no creyera lo que oye. ‘No se preocupe usted’, me dice, ‘nada puede ser peor que lo que dejamos atrás…’