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El 3 de julio de 1898 el gaditano Pascual Cervera y Topete supo que pasaría la historia. Pero no por sus hazañas, que las tenía, ni por su valor, del que no había duda. Cervera supo que su nombre quedaría retratado indefectiblemente en los anales de la historia como el hombre que perdió Cuba. En su defensa hay que decir que la responsabilidad no fue suya sino de sus altos mandos, apoltronados en cómodos sillones de palacio, y que la orden no dejaba sospechas porque se le instó a luchar contra una flota muy superior y a pleno día. La flotilla del marino nacido en Medina Sidonia estaba acorralada en la bahía de Santiago de Cuba, embotellada en un callejón con una única salida: la del mar abierto, donde le esperaba una armada, la norteamericana, muy superior en efectivos y con los cañones artillados.

 

Todo había empezado apenas unas semanas atrás, cuando el gaditano y su flota, anclados en las africanas islas de Cabo Verde, reciben la orden de defender Puerto Rico, amenazado por los estadounidenses. El gaditano sabe que su flota no está preparada y le escribe al ministro de defensa, el también gaditano Segismundo Bermejo:

            ‘Me parece que padece usted algún error al sumar las fuerzas de que disponemos en el desgraciado caso de una guerra con Estados Unidos. En la división de Cádiz creo que faltará la Numancia. Con el Lepanto me parece que no se puede contar. El Carlos V y el Pelayo no sé cuándo podrán incorporarse. El Colón aún no está artillado y si viene la guerra lo sorprenderá sin su artillería gruesa. Los ocho buques principales del Apostadero de La Habana, a que usted alude, son buques sin valor militar ninguno y además muy cansados; de suerte que pocos servicios pueden prestar… Y puesto en la realidad, bien triste por cierto, se ve que nuestra fuerza naval, comparada con la de Estados Unidos, está próximamente en una relación de uno a tres…’.

El asidonense enfila proa a Puerto Rico pero la flota del almirante William Sampson le impide tocar tierra y debe refugiarse en Santiago de Cuba. Cervera está acorralado, resguardado en una bahía, rodeado por una flota muy superior que bloqueaba cualquier comercio con la isla. En esos meses de escaramuzas y negociaciones, los marineros de un acorazado llamado Maine se fueron de fiesta con los soldados españoles acantonados en tierra. En plena parranda, el buque explotó. Los estadounidenses clamaron al cielo y declararon una guerra retroactiva, cosa inaudita porque retrocedieron en el tiempo hasta el inicio del bloqueo para justificarlo. Los españoles aseguraron entonces, y ahora, que los americanos provocaron la catástrofe que costó la vida a 266 marinos. Otras investigaciones aseguran que algo explotó en el interior del buque, tal vez por accidente.

Los españoles eran conscientes de que fuera de su refugio no tenían ninguna oportunidad. Aún así, el asidonense ordenó zarpar a sus barcos. Entre los oficiales hubo quien propuso salir en tromba y por oleadas para obligar a la armada enemiga a dividirse. Mientras, los norteamericanos estaban a las puertas de Santiago de Cuba por tierra. Cervera sale de día, pegado a costa y en fila india. ‘Con la conciencia tranquila voy al sacrificio’, escribió al ministro de marina.

La flota española fue destruida en su totalidad pero la mayoría de los buques se perdieron por embarrancamiento. Entre los norteamericanos hubo un muerto por los 371 españoles, 151 heridos y 1670 prisioneros, entre ellos el propio Cervera. El gaditano fue llevado preso a Washington, donde permaneció varios meses. Junto a él, Emilio Díaz Mareu, un marino de Motril que comandaba el Cristóbal Colón, un acorazado que intentó huir porque no tenía sus armas artilladas. A su regreso encuentran una España abatida y sin colonias, y para más inri el mismo gobierno que le ordenó pelear en una guerra perdida lo lleva a juicio por deshonrar el nombre de la patria. Después de batallar en alta mar se vio en los tribunales, y ya no por salvar la vida sino el honor. Y lo logró. Rehabilitado y limpio su nombre, el almirante Cervera fue nombrado senador y ocupó el cargo hasta su muerte, a los setenta años.

Bibliografía

Historical dictionary of the spanish american war, Donald H. Dyal, Bryan B. Carpenter, USA 1996

Apuntes biográficos del Excm. Sr. Almirante D. Pascual Cervera y Topete, Alberto Risco, Sebastián Rodríguez Impresor, Toledo, 1920